Diario de un desplome

Un bloque titular sobrecargado de minutos y la falta de recursos ante la adversidad condenaron a España


París / Colpisa

La Eurocopa de Francia ha durado 240 minutos para España, la suma del debut ante la República Checa, el partido ante Turquía y la primera hora contra Croacia. Después comenzó a desvanecerse hasta desaparecer por completo en los octavos frente a Italia. El origen del desplome hay que buscarlo en una acumulación de factores resumidos en dos premisas fundamentales: los protagonistas del invariable bloque titular en los cuatro compromisos han pagado con creces el exigente calendario en sus clubes y, además, han demostrado una preocupante falta de recursos para hacer frente a la adversidad.

El cambio de ciclo en la selección empezó a fraguar semanas antes de que aterrizara en Francia. La llegada escalonada a la concentración de los veintitrés elegidos para el torneo, por los compromisos con sus equipos, condicionó sobremanera la preparación. Es difícil volver a empezar y mantener la tensión competitiva tras una dura y larga campaña. «El segundo gol de Croacia fue como una montaña para nosotros», admitió de forma gráfica Gerard Piqué.

Pero mucho antes del tanto de Perisic habían ocurrido cosas que trastocaron la paz del combinado nacional en el retiro de la Isla de Ré. La primera, en vísperas del estreno en Toulouse, la aparición en pleno debate sobre la portería del nombre de David de Gea en un informe policial vinculado con un supuesto caso de escándalos sexuales. El portero del United tuvo que salir a desmentir la declaración de una testigo protegida, pero surgieron las dudas sobre si estaría centrado para asumir el relevo generacional bajo los palos. España se sobrepuso y logró una sufrida victoria ante los checos. El triunfo recondujo los análisis hacia asuntos deportivos y la posterior goleada contra los turcos originó una catarsis de euforia colectiva.

Pero de repente surgió otro revuelo de la forma más inesperada. La víspera del choque ante Croacia, Pedro se saltó el guion, expresó su malestar por la suplencia ante las cámaras de un canal de televisión y se cuestionó si merecía la pena estar en la selección solo para hacer grupo. Sus palabras adquirieron un mayor significado cuando Del Bosque sacó el mismo once frente a los balcánicos y también en el cruce con los transalpinos. Piqué acusó a los medios de comunicación de hacerse eco de las palabras del canario porque «se aburren» en las concentraciones, el seleccionador se puso todavía más a la defensiva e incluso intuyó un eventual intento de desprestigiarle, y Jordi Alba cerró el círculo al atacar al mensajero. «Es la prensa la que crea los malos rollos», lanzó.

España se presentó en Saint-Denis con 700 minutos más en sus piernas que los italianos y con las dudas que había generado en los últimos treinta minutos ante Croacia. El técnico salmantino recurrió a su discurso de que no hay ninguna tesis que demuestre que las rotaciones mejoran el rendimiento de los jugadores y decidió morir con las botas puestas, como ya había hecho en Brasil. Y en los octavos surgieron los males de La Roja en toda su extensión. De Gea estuvo bien y sostuvo al equipo, Piqué salvó los papeles, pero Juanfran, Alba, Ramos y Busquets hicieron un partido espantoso, al igual que Cesc, Nolito, Silva y Morata. Iniesta no dejó de intentarlo, pero el futbolista que asombró en los dos primeros encuentros ya nunca volvió a materializarse en Francia.

Un bucle sin salida

Que Del Bosque no variara la alineación le introdujo en un bucle del que era casi imposible salir y arrastró con él a sus hombres de máxima confianza. Quitar a alguno contra Croacia o Italia hubiera supuesto señalarle y él es enemigo de las resoluciones drásticas. Al mismo tiempo, resulta complejo mantener motivados a meritorios y novatos si sus apariciones son testimoniales.

La primera parte ante el conjunto de Antonio Conte fue la demostración de que lo sucedido contra los balcánicos no había sido un accidente, como trataron de defender los integrantes de la selección, sino el resultado de la suma de varios hechos futbolísticos y extradeportivos que hicieron chirriar un proyecto que ya está agotado.

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