Tócala otra vez, Andrés


La teoría deparará a España más de lo mismo ante Turquía. Un partido frontón, con un rival achicado y afanado en defensa. Un grupo de jugadores dispuestos a cerrar líneas de pase en las cercanías del área, parapetado con la intención de aprovechar alguna de las ocasiones que siempre aparecen a lo largo de 90 minutos.

Futbolísticamente, Turquía no debería ser un problema. Quizá, como siempre, las dudas vengan del propio equipo de Del Bosque y sus apuros para marcar goles. O de uno de esos malos días que ya han dado más de un disgusto en otros años.

Pero resulta impensable que un equipo que tiene a Iniesta en estado de gracia pueda caer ante un rival inferior. Su exhibición fue de tal magnitud que de ella se hicieron eco en todo el planeta. No ya por su delicioso pase en el gol, que no deja de ser una acción puntual, sino por la suavidad con la que fue matando minuto a minuto a los checos. A poco que el resto de jugadores acompañen al pequeño genio, la selección será temible. Para ello, deberá aumentar su rendimiento Fábregas, o quien juegue en su lugar; afinar más Jordi Alba y Nolito; que Silva suba un peldaño su nivel; y que Morata adapte su velocidad a la de sus compañeros y acierte con la portería para dar sentido a todo lo bueno que tiene, que es mucho.

LPero si las cosas no salen, siempre quedará Iniesta, el futbolista para el que la excelencia es el plato de sopa de cada día. Por ello no parece probable que le haya importado lo más mínimo el disparate de la UEFA, que lo excluyó del once de la primera jornada. Dicen que así fue porque este equipo ideal fue seleccionado en base a un algoritmo, que tenía mucho de matemáticas y poco de poesía. Nadie se imagina a Iniesta preocupado por semejante agravio, porque a él solo le importa tocarla una y otra vez, dulcemente, hasta matar al rival caramelo a caramelo.

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