De Gea culmina la transición dulce

Fue titular y apenas tuvo trabajo, pero sostuvo el triunfo en la prolongación


Colpisa / Toulouse

En el césped la tan comentada transición dulce anunciada por Vicente del Bosque pareció más sencilla de lo esperado. Tras varios años de debates sobre el relevo generacional en la portería de España, este se produjo en Toulouse de manera exitosa. David de Gea fue titular después de días de dudas, pero la decisión llevaba tiempo tomada. Concretamente, desde el 12 de octubre del 2015 en el Olímpico de Kiev. En el lugar en que España consiguió la Eurocopa que ahora defiende, el meta del Manchester United ofreció un recital con diez paradas, cinco de ella memorables, durante su tercer partido oficial con la selección. Desde entonces, el cuerpo técnico de la selección asumió que su suplencia era un lujo que no se podía permitir mucho más tiempo. Las noticias de la semana pasada, cuando se supo que el nombre del portero estaba en un sumario judicial, podían haber modificado el plan, pero la tranquilidad mostrada por el futbolista hizo mantenerse a Del Bosque en su idea.

Disfrutó prácticamente como un espectador más del asedio de la selección a la meta de Cech, con quien tiene una buena relación de sus años en la Premier y al que saludó antes y después del duelo. Se pasó la mayor parte del encuentro en la media luna de su área mientras veía cómo Morata y sus compañeros se estrellaban contra la muralla checa. Se abría de brazos mientras lamentaba alguna ocasión de sus compañeros y resoplaba. El balón lo tocó poco. Atrapó el esférico en dos tiempos, después de que se le doblase el guante en el remate de Necid desde fuera del área. Le puso suspense, pero él no cambió el gesto. Seguía tranquilo. Se santiguó y se marchó al descanso mirándose las manos. Cambió de lado en el campo, pero siguió mirando desde lejos el monólogo de sus compañeros. Manos a la cabeza en el, casi, autogol de Hubnik en la primera jugada del segundo acto. 

Nervios

Sí que tuvo que mancharse cuando el propio Hubnik remató una falta lateral con la puntera junto al poste. Ya con Aduriz en el campo, y con el viento que hacía casi imposible dominar la pelota por alto, el meta seguía con desesperación cómo las ocasiones españolas se iban por el sumidero. Entró su amigo Thiago al césped, que marró una ocasión en posición inmejorable dentro del área, y De Gea no paraba de mirar hacia atrás para ver en el videomarcador más cercano el tiempo que restaba para evitar otro debut sin victoria en la era Del Bosque.

Al final, cuando los nervios ya atenazaban a casi todos, marcó Piqué, que se había quedado como delantero centro en el área. Quizá se había destacado como el compañero que más le había ayudado el pasado viernes, y hasta se había ofrecido a salir a su lado en la rueda de prensa en la que De Gea había mostrado temple.

Así se completó la transición de modo dulce. Con victoria y con otro partido internacional más sin encajar, ya que en la prolongación demostró que dispone de puños de acero a un remate potente a bocajarro de Darida. Ya son 360 minutos con la puerta a cero. Y jugando de amarillo, con el dorsal 13 de su amigo ausente Juan Mata, que le hacía usar el 12, y pese a ser 13 de junio, maldito en el pasado con porteros como Zubizarreta, Molina y el propio Casillas, que al terminar el partido saltó al campo para felicitarle con un abrazo. Nada puede con el tranquilo David de Gea.

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