Los hoyos son inmensos para Spieth

El texano vuelve a Augusta tras agitar el golf con sus larguísimos «putts»


ferrol / la voz

«Practica un juego con el que no estoy familiarizado». Así saludó Bobby Jones, padre de Augusta, la llegada de Jack Nicklaus. Y el ganador de 18 grandes utilizó la misma expresión para bendecir la revolución atlética que trajo al golf Tiger Woods. La frase podría valer para el maravilloso 2015 de Jordan Spieth por su brillo en el green. Un deportista no genera con un solo recurso un temblor semejante al que consiguió el texano al enfundarse la chaqueta verde forrada de récords. Pero pasado un año de aquel vibrante tour de force, al frente de la clasificación del Masters del primer al último día, el análisis del continuado éxito de Spieth apunta al manejo del palo más corto de la bolsa, el putter. Según varios analistas, su porcentaje de éxito desde distancias imposibles, antes prácticamente descartadas como opciones claras para embocar, transformará también la manera como competirán sus rivales, más audaces y meticulosos en esas situaciones. Desde el jueves, Spieth defenderá el título en el primer grande del año.

La tecnología y las estadísticas

La vieja forma de contabilizar solamente el número final de putts como indicador de la precisión en el green quedó obsoleta. No discriminaba golpes fáciles de difíciles. Desde el 2011 el PGA Tour introdujo las clasificaciones de impactos ganados con el putt, a partir del sistema ShotLink. Esa compleja tecnología computa las distancias desde las que se ejecuta cada putt y las medias empleadas por cada participante desde esas posiciones. Luego cifra el número final de putts ganados o perdidos de cada uno respecto a los rivales en situaciones similares de juego. Este sistema contabiliza datos desde el 2004 y encumbra a Spieth por encima de todos en el apartado de putts más largos.

Spieth fue el noveno jugador que más golpes ganó con el putter la temporada pasada. Aunque donde asombró más fue en los putts más lejanos. Interpreta las caídas con su cadi, el matemático Michael Greller. E imagina, antes de la ejecución, trayectorias tensas y sorprendentes como la de su bola durante 15 metros camino del hoyo 16 de St. Andrews el domingo del último Open Británico. En el rango de golpes entre 15 y 25 pies (4,5 y 7,6 metros) metió el 27,19 % de sus golpes en el 2015. Lo nunca visto. Y, justo cuando está entre 20 y 25 pies, acierta más del doble de tiros que la media de sus compañeros. Ahí marca diferencias.

En el inicio de año, Spieth no alcanza los datos estratosféricos del 2015. Aunque sigue como el más atinado con el putter en distancias superiores a 7,6 metros. De su reencuentro con esa sensación sobre el green dependerán sus posibilidades de éxito a partir del jueves. En el movimiento más sutil del golf radica la diferencia de la revolución de Spieth. Por eso no generó un terremoto tan ruidoso como la irrupción de Tiger Woods en 1997 con un juego físico y más espectacular, que obligó con el paso de los años a rediseñar algunos campos.

Frustraciones polémicas

Por puras sensaciones, la profesional Lexi Thompson asombró hace unas semanas al utilizar el putter en Tailandia con los ojos cerrados. Y ganar el título. Spieth mira, calcula y escucha a su cadi matemático. A veces, cuando falla putts largos, se enfada. Arrogante para algunos; audaz para otros. El primer paso para embocar la bola es imaginarlo. El texano ya se visualiza con la segunda chaqueta verde el domingo.

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