Antoine Demoitié salvó tres vidas tras donar sus órganos

La muerte del ciclista tras ser arrollado por una moto durante una prueba en Bélgica ha desatado un debate sobre la seguridad en el deporte de la bicicleta

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La Voz / Redacción

La desgracia de Antoine Demoitié, arrollado por una moto durante una prueba ciclista en Bélgica, tiene un lado positico. El ciclista belga Gaëtan Bille, compañero de equipo del fallecido Demoitié, aseguró que gracias a la donación de órganos de su amigo muerto se salvaron tres vidas. «Después de la donación de órganos, Antoine Demoitié salvó otras tres vidas. Héroe hasta el final», escribió Bille en su cuenta de Twitter y replicó en la suya el equipo Wanty-Gobert, al que pertenecía el malogrado ciclista. El equipo belga, además, anunció en breve una rueda de prensa.

Bille, de 27 años, era amigo de Demoitié y compañero en el Wanty Gobert desde esta temporada. «Siempre voy a pedalear en todas las competencias contigo en mis pensamientos. Descansa en paz», añadió el ciclista en la red social. Demoitié, de 25 años, sufrió el domingo una caída junto con otros cuatro ciclistas durante la clásica prueba Gante-Wevelgem y en ese momento fue arrollado por una motocicleta. Según testigos citados por el periódico francés L'Equipe, Demoitié ni siquiera tuvo tiempo de ponerse de pie antes de que la motocicleta chocara con el grupo y lo golpeara en la cabeza.

El ciclista del equipo el Wanty-Gobert fue trasladado de inmediato a un hospital de la ciudad francesa de Lille, donde murió a primera hora de hoy tras estar en cuidados intensivos. Demoitié se había sumado esta temporada al equipo Wanty-Gobert. Entre el 2013 y el 2015 compitió para Wallonie-Bruxelles. Su mayor logro fue la victoria obtenida en el Tour du Finistère del 2014.

Los ciclistas piden más seguridad

La desgracia de Antoine Demoitié cayó como un rayo en el pelotón en una época en la que se han multiplicado los accidentes. Menos de un mes antes el amateur francés Romain Guyot, de 23 años, falleció después de ser atropellado por un camión mientras se entrenaba en La Roche-sur-Yon (Francia). Unos días antes, el joven ciclista del Lotto Soudal Stig Broeckx fue golpeado durante la Kuurne-Bruselas-Kuurne (Bélgica) por una moto de asistencia médica y la caída le provocó una fractura en la clavícula y otra en una costilla.

En enero, seis corredores del equipo Giant fueron heridos cuando se entrenaban en Benigembla (España) y un vehículo británico, que circulaba en sentido contrario pilotado por una mujer inglesa de 73 años, les atropelló. John Degenkolb, una de las víctimas, todavía no ha vuelto a competir tras reimplantarle el dedo índice de la mano izquierda, aunque el esprínter confía en regresar antes del Tour de Francia. En agosto del 2015, Peter Sagan fue atropellado por una moto durante una etapa de la Vuelta a España. Unos días antes Greg van Avermaet había sido derribado por otro vehículo de dos ruedas cuando comandaba la Clásica de San Sebastián, que no pudo ganar por la inusual acción.

«Se necesita un control de motos en carrera ¡ya!», tuiteó Alberto Contador después de ofrecer sus condolencias a la familia de Demoitié. «Las motos son necesarias en nuestro deporte tanto para la seguridad como para la presencia de los medios de comunicación. Es su conducta y dirección lo que necesita ser dirigido», precisó el británico Dan Martin sobre el asunto. «La posibilidad de velocidad de una moto es 15 o 20 kilómetros por hora más rápida cuando pasan. Al aumentar el tiempo de reacción es cuando lo inesperado ocurre», le contestó el australiano Michael Rogers para acentuar otra queja más. «La vida de un piloto puede ser vulnerable y la seguridad debe ser la primera prioridad», reivindicó el corredor belga Kristof Vandewalle.

«No quiero acusar a nadie, pero sí hacer reflexionar sobre la responsabilidad de cada uno sobre el nivel de atención, de sensibilización y de control de las normas de seguridad», comunicó el presidente del sindicato de ciclistas, Gianni Bugno. «Siempre hemos mantenido que la seguridad de los corredores debe estar en primer lugar en las discusiones entre los diferentes actores del ciclismo. En la última reunión del Consejo de Ciclismo Profesional pedimos específicamente comunicar rápidamente las estrategias que deben ponerse en marcha para mejorar la seguridad durante las carreras», insistió el italiano en nombre de sus compañeros de profesión. «Estos hombres son valientes gladiadores y el ciclismo es un escenario peligroso», añadió Jonathan Vaughters, director deportivo del Garmin.

Los responsables de la carrera belga respondieron a la presión y recordaron las numerosas medidas adoptadas. «Los organizadores tienen como objetivo asegurar el más alto nivel posible de seguridad para el público, así como los corredores y la carrera», expusieron en un comunicado oficial. «A los espectadores se les pide específicamente que no traigan ninguna bolsa y/o mochilas», señalaron como ejemplo.

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En cuanto al motorista que pilotaba el vehículo, se remarcó que contaba con 32 años de experiencia y que trabajaba para la Federación Belga de Ciclismo. «La moto trató de frenar, se echó sobre Antoine y le causó tales lesiones que tuvo que ser trasladado al hospital. Ya no estaba consciente», explicaron desde el equipo del fallecido para descartar que fuera una situación similar a la de otros accidentes negligentes en tiempos cercanos. Todo apunta a que una trágica sucesión de infortunios acabó con la vida Demoité, recientemente casado.

A pesar de la polémica levantada, desde la Gante-Wevelgem se quiso ofrecer un homenaje de reconocimiento junto a sus explicaciones que agrupara a todos los afectados: «Los padres pierden un hijo, los compañeros pierden un amigo, el ciclismo belga pierde talento. La muerte de Antoine Demoitié es un golpe en la cara de toda la familia del ciclismo. Descansa en paz».

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