Una patraña de gestión


Florentino realizó una buena jugada. No fue limpia, ni noble, pero fue buena para sus fines. Traicionó a Rafa Benítez. Le hizo creer que seguiría, pero se lo cargó. Y lo hizo buscando un recambio a la velocidad de la luz con la única finalidad de desviar la atención y contener a una grada que le tenía en el punto de mira por todo lo que ha estado aconteciendo en el club blanco. Puso a Zidane, adorado por el madridismo, sabedor de que, por lo menos, pararía el golpe del desencuentro con el público durante un tiempo. El calendario también jugó a favor, con una serie de encuentros fáciles en los que el Real Madrid acostumbra a golear.

Pero en cuanto los rivales han ido subiendo el nivel, al Madrid se le han vuelto a ver las costuras y la grada ha gritado de nuevo «Florentino, dimisión». Y no solo por el juego, o por la humillación de perder ante la tropa del Cholo. Sobre todo por comprobar que la buena gestión de la que le gusta presumir a Florentino no es más que una patraña. Una patraña compartida además por el resto de miembros de su junta directiva, que son corresponsables tanto de las cuentas, como de la gobernanza del club y del desastre de la dirección técnica.

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