Las gestas de Cal no se olvidarán, ¿pero supo el piragüismo aprovecharlas?


Al principio no pensaba que llegaría a ser un piragüista a tiempo completo, tampoco que ganaría campeonatos de España y mucho menos un Mundial. Si le llegan a decir que alcanzaría la gloria olímpica y años después que se convertiría en una leyenda del deporte español, David Cal sonreiría con incredulidad y, probablemente, no diría ni mu. El tiempo fue pasando y las conquistas fueron cayendo. Una tras otra hasta que el tímido chaval nacido en Cangas se convirtió en el deportista español con más medallas olímpicas. Pero el tiempo no perdona y a David le ha llegado la hora de ser un ex.

El pasado miércoles, anunció que afrontará una nueva vida profesional. Se va a Murcia, a la UCAM, donde ha encontrado cariño y un trabajo.

Y así, como quien no quiere la cosa, David se va de Galicia a empezar una nueva vida. Atrás queda un viaje maravilloso. Con su canoa, con su pala, con su entrenador. Él, callado, tímido, introvertido. Morlán, cascarrabias, volcánico, obsesivo. Los dos dieron una lección al mundo entero.

Fueron queridos y admirados. No les faltaron zancadillas, ni malos ratos inexplicables. Pero lo bueno siempre fue mejor que lo malo. Como no podría ser de otra forma en alguien que se convirtió en el máximo medallista olímpico de su país.

Sin duda, David y Suso han dejado un legado impresionante. Cinco medallas olímpicas en tres participaciones. Pero sobre todo, un método de trabajo y una ética del deporte que no debería perderse en las memorias. Todo su trabajo durante estos años ha sido un ejemplo de cómo se prepara un deportista de élite. Sacrificio físico máximo bien pautado, estudio milimétrico de la técnica, desarrollo científico de la canoa, constancia, fe y ambiciones sin límites, desprecio a la cultura del dopaje, y respeto hacia los rivales y hacia el piragüismo. Cal no fue solo un muchachote fuerte paleaba como un extraterrestre. Sino que ha aglutinado todos los valores que se consideran positivos en el deporte.

Y la pregunta es: ¿De verdad se ha aprovechado el privilegio de haber dispuesto de un deportista extraordinario? ¿Se ha beneficiado el piragüismo gallego y español en general?

Los archivos de Suso Morlán sobre los entrenamientos de David Cal son un tesoro del conocimiento del deporte de la canoa. Su método, su sabiduría, toda su experiencia debería servir para mejorar la formación de las venideras generaciones de entrenadores. Y no está claro que esto vaya a ser así.

Lo mismo en cuanto a David. ¿Es mejor el piragüismo que nos deja David que el que existía antes de su gesta de Atenas? Tampoco está nada claro que España haya sabido aprovecharse de semejante regalo. Y esto, más que una lástima es un colosal error.

El propio Cal, en la entrevista concedida a este periódico, muestra su preocupación por la base. Durante años, el piragüismo vivió de los resultados de David Cal, Teresa Portela, Perucho, Craviotto... Pero se corre un serio riesgo de caer en un agujero negro cuando todos estos ya veteranos deportistas vayan cogiendo el camino de la retirada, como David Cal. Si se consuma este desastre deportivo, los únicos que no tendrán responsabilidad en ello serán el propio Cal y Morlán.

Lo que nadie olvidará, eso sí, es aquella regata en Atenas, en la pista de Schinias, donde un jovencito de Cangas salió como un cohete, destronó al rey de la canoa y se convirtió en el primer oro gallego de la historia de Galicia. Luego vinieron otras cuatro medallas más, completando una aventura inolvidable.

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Las gestas de Cal no se olvidarán, ¿pero supo el piragüismo aprovecharlas?