La última bala de Florentino


Rafa Benítez llegó al Real Madrid como un técnico metódico, estudioso y curtido en mil batallas. Aterrizó en la casa blanca con la obligación de hacer olvidar a Ancelotti y recuperar la irrenunciable senda de los títulos. Lo primero, no lo ha conseguido. Y lo segundo, tampoco lo logrará. Y todo ello a pesar del tremendo desgaste padecido. Y de sus progresivas renuncias personales, que le han llevado a morir de rodillas, desleal consigo mismo, sometido a Florentino, quien finalmente le ha pagado con el despido.

En una comparecencia sin preguntas, Pérez liquidó a Benítez en apenas veinte segundos. Si su llegada se produjo para dar «un nuevo impulso al Madrid», el anuncio de su despedida no mereció explicación alguna. Y para evitar darlas, no admitió preguntas, presentando al instante a Zidane para que los focos giren hacia el ídolo del madridismo y todos guarden en el baúl de los recuerdos el nuevo fracaso del presidente.

Tan desesperado se ha tenido que ver, que ha elegido a uno de los iconos del club, un exfutbolista adorado por la parroquia blanca, con una corta experiencia en el banquillo del Castilla donde, además, no ha acreditado un gran rendimiento. Quizá anhela el dirigente, impotente como se ve ante un Barça de época, encontrar su propio Guardiola. De momento, se contenta con que la llegada del francés suponga cierta calma en el Bernabéu.

Pero la realidad es que hasta la fecha, todas las partidas que ha jugado Florentino en los últimos tiempos las ha perdido. La de Zidane parece la última bala en la recámara. Si también fracasa, a Pérez solo le quedará la dimisión. A él y a sus directivos, que le aplauden a pesar de todos los desatinos deportivos, institucionales y económicos. Ellos también tiene su cuota de responsabilidad en todo el mal que se le está haciendo al Real Madrid.

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