La pasión turca de Dani Abalo

El vilagarciano comparte vestuario con el ex madridista Cicinho en el Sivasspor


vilagarcía / la voz

Entre la devoción y el trabajo. De esta guisa aparece encuadrado el delantero vilagarciano Dani Abalo para la imagen que encabeza la presente información. En el Pub La Bolsa de su localidad natal, la sede de la peña celtista que sigue manteniendo el nombre del que hasta no hace mucho era considerado uno de los más prometedores proyectos de jugador de cantera del club vigués. El todavía y siempre equipo de los amores de Dani Abalo, al que lleva siguiendo tres años desde la distancia que comienza allende las fronteras del Reino de España. Primero en Portugal, durante dos exitosas temporadas en Bulgaria, y desde el pasado mes de julio en las filas del Sivasspor de la Primera División de Turquía. Su actual ocupación. Una nueva parada en su tránsito hacia la estación términi soñada en algún vestuario de la máxima categoría del balompié español o, puestos a pedir, inglés. Otra camiseta más añadida a la colección en la diáspora del arousano, la que llevaba puesta en el único tanto anotado hasta hoy por el ex celtista en la liga turca, a modo de nota de color que enriquece el documento gráfico de su regreso fugaz al hogar familiar para disfrutar de una semana de vacaciones, aprovechando el parón entre la primera y la segunda vueltas del campeonato regular del país asiático. Con su equipo cuarto por la cola 1 punto por encima de la zona de descenso.

No está siendo esta la temporada imaginada por Dani Abalo cuando el pasado verano decidía unilateralmente poner fin a su relación con el Ludogorest, con el que venía de firmar dos dobletes en Liga y Copa de Bulgaria, y estrenarse en la fase final de la Liga de Campeones, con un gol por partido al Liverpol y titularidad en el Santiago Bernabéu. «Después de hacer la buena temporada que hice», recuerda Abalo, «y después de intentar entrar en el fútbol inglés y español -tuvo ofertas de la Segunda hispana, pero no le convencieron- llegado el 22 de julio decidí coger lo primero que viniese». Y lo que se le presentó fue una propuesta de un intermediario luso que lo había visto en una pretemporada con el Ludogorets en Turquía para firmar por el Sivasspor. El equipo de la ciudad de Sivas, con una población algo superior a los 300.000 habitantes en el centro del país.

Cuando llegó «el presidente me dijo que tenían dos jugadores muy importantes en las bandas, pero que contaba con vender al menos a uno de ellos» lo que abriría al gallego las puertas de la titularidad de par en par. Pero ninguna de las operaciones se concretó.

Dos técnicos, misma situación

Ni con Sergen Yalçin, el ex futbolista del Besiktas, Liverpool, Trabzonspor y Galatasaray, ni con su sustituto en el banquillo desde hace siete partidos, Okan Buruk, otro ex jugador con pedigrí con pasado en el Galatasaray, Inter y Besiktas, Abalo ha sido capaz de ganarse un hueco en el once titular, en el que apenas ha figurado en un par de ocasiones. Su balance, no más de 400 minutos de juego en 17 partidos, con un gol y una asistencia en su haber. Sin embargo, el vilagarciano, que firmó por dos temporadas en el Sivasspor, opta por aguardar su momento, consciente de hallarse en una Liga «de mucho nivel, y con muchos jugadores con nombre», de la que destaca que «es muy física», si bien al mismo tiempo «a todos los equipos les gusta atacar».

Contar con el respaldo de uno de esos jugadores con nombre cual Cicinho sin duda alguna ayuda mucho a mantener la paciencia. A sus 35 años, el ex lateral derecho de la selección brasileña y de un club como el Real Madrid es uno de los siete jugadores foráneos del conjunto turco, al que llegó en el 2013, y en el que además de Dani y el carioca militan un portero lituano y cuatro futbolistas africanos.

«Cuando llegué al equipo Cicinho se me acercó y me dijo que contase con él para lo que quisiera, y me apoyo bastante en él», explica el gallego, que lo califica de «muy buena persona». En una ciudad marcada por el tradicionalismo religioso en los modos y formas en la vida de sus calles, señala Abalo, él y su pareja, Irene, también vilagarciana, tienen en las comidas con Cicinho y su mujer una de sus escasas alegrías a nivel social. Con la noche cayendo a las cuatro y media «nuestro tiempo libre lo dedicamos a pasear, y ver películas y series». Eso sí, el ex celeste agradece el cambio desde una localidad de menos de 30.000 habitantes como Razgrav, en el norte montañoso de Bulgaria. En todo caso, confiando en que se trata de otra parada que lo acerque a su destino soñado.

«Soy un futbolista que nunca está cómodo si no juego»

«Yo pensé que iba al Sivasspor a jugar». Dani Abalo no niega un punto de frustración en la situación que vive en el conjunto turco. Un equipo del que obtuvo toda la información que necesita un futbolista a la hora de decidirse por un cambio como el que protagonizó este verano de la mano de un hoy ex compañero del Ludogorets «que me había contado del equipo y la ciudad».

El vilagarciano aterrizó en el Sivasspor habiendo escuchado que se trataba de un conjunto «que siempre luchaba por la mitad de la tabla hacia arriba, sin pasar apuros». Pero «este año no está siendo así, y toca pelear por no descender -en la Primera turca bajan los tres últimos-».

Habituado en su última campaña en el Ludogorets a ser protagonista, Abalo confiesa que sus planes eran otros. «Soy un futbolista que nunca está cómodo si no juego. Pero ahora entro en las rotaciones, y tengo la cabeza tranquila. Voy a seguir trabajando para intentar ser titular. Y si dejase de jugar, me buscaría una salida», confiesa sin temor.

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