Nazaré, la última frontera

Antón Bruquetas Serantes
Antón Bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

RAFAEL MARCHANTE | Reuters

El especialista en olas gigantes Eric Rebiere, afincado en Galicia desde hace años, relata su experiencia en la legendaria ondulación de Portugal

05 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Me concentro en la respiración. Trato de no pensar en nada, en relajarme y dejar que pase el tiempo hasta que subes de nuevo a la superficie. Siempre acabas mareado. El golpe de una ola así es aterrador. Pierdes hasta la noción de dónde te encuentras». Hace doce años, Eric Rebiere (Arraial do Cabo, Rio de Janeiro, 1978), un surfista franco-brasileño especialista en olas gigantes y que está afincado en Galicia desde hace años, tuvo su primera experiencia en Nazaré, la meca mundial del surf extremo que el pasado fin de semana inauguró una nueva temporada.

Pero desde entonces hasta ahora las cosas han cambiado una barbaridad. «Antes se cogía mucho más pequeño». Hoy, con la ayuda de motos de agua que los remolcan hasta la rompiente, tratan de domesticar ondulaciones de más de 30 metros. «Esto ya es otro deporte», asegura Rebiere.

Velocidad

«Más parecido al windsurf». La enorme masa de agua salada que se forma antes de golpear la costa de Praia do Norte propicia que los surfistas se deslicen por la superficie del agua a velocidades cercanas a los 60 kilómetros por hora. «Vas con los pies en los straps (unas cinchas que sujetan los pies del sufista a la tabla) y aún así es muy difícil de controlar», comenta Rebiere. «Mi compañero de equipo -el alemán Sebastian Steudtner-, para mí es uno de los mejores del mundo. Viene del windsurf, que quizás se parece más a lo que hacemos en Nazaré que el surf. De hecho, en olas normales soy bastante mejor surfista que él -Rebiere llegó a estar entre los mejores 45 surfistas del planeta-, pero aquí me lleva ventaja», reconoce.