Nazaré, la última frontera

El especialista en olas gigantes Eric Rebiere, afincado en Galicia desde hace años, relata su experiencia en la legendaria ondulación de Portugal


Redacción / La Voz

«Me concentro en la respiración. Trato de no pensar en nada, en relajarme y dejar que pase el tiempo hasta que subes de nuevo a la superficie. Siempre acabas mareado. El golpe de una ola así es aterrador. Pierdes hasta la noción de dónde te encuentras». Hace doce años, Eric Rebiere (Arraial do Cabo, Rio de Janeiro, 1978), un surfista franco-brasileño especialista en olas gigantes y que está afincado en Galicia desde hace años, tuvo su primera experiencia en Nazaré, la meca mundial del surf extremo que el pasado fin de semana inauguró una nueva temporada.

Pero desde entonces hasta ahora las cosas han cambiado una barbaridad. «Antes se cogía mucho más pequeño». Hoy, con la ayuda de motos de agua que los remolcan hasta la rompiente, tratan de domesticar ondulaciones de más de 30 metros. «Esto ya es otro deporte», asegura Rebiere.

Velocidad

«Más parecido al windsurf». La enorme masa de agua salada que se forma antes de golpear la costa de Praia do Norte propicia que los surfistas se deslicen por la superficie del agua a velocidades cercanas a los 60 kilómetros por hora. «Vas con los pies en los straps (unas cinchas que sujetan los pies del sufista a la tabla) y aún así es muy difícil de controlar», comenta Rebiere. «Mi compañero de equipo -el alemán Sebastian Steudtner-, para mí es uno de los mejores del mundo. Viene del windsurf, que quizás se parece más a lo que hacemos en Nazaré que el surf. De hecho, en olas normales soy bastante mejor surfista que él -Rebiere llegó a estar entre los mejores 45 surfistas del planeta-, pero aquí me lleva ventaja», reconoce.

Preparación física

«La fuerza en las piernas». Para tratar de ponerse a punto para este temporada en la que pretende lograr surfear la ola más grande del planeta, Rebiere ha intensificado su preparación física. Tiene un plan de entrenamientos específico para aumentar el rendimiento de sus piernas. Quiere que cada bote que dé sobre la ola de Nazaré encuentre una respuesta satisfactoria en toda su musculatura. «Dedico más de una hora solo a ejercicios específicos para conseguir este objetivo. Es necesario para continuar progresando», apunta.

Un trabajo en equipo

«Somos tres, no uno». Entre las cosas que también diferencian el surf que se acostumbra a ver en las competiciones y el de olas gigantes, Rebiere señala la importancia que tiene el equipo. Las conquistas no son individuales, son producto de que ha habido un trabajo de coordinación impecable. «Se habla de si Eric cogió esta ola o Sebastian, pero, en realidad, somos todos. Porque tan importante como surfear bien es que tu compañero te deje con la moto -se turnan durante la sesión- en el punto indicado. Y aún hay una tercera persona que se encarga de vigilar que nada falle.

Peligro extremo

«Espuma y arena en la moto». Pero, pese a todas las medidas de seguridad que se puedan tomar, en condiciones límite, los accidentes ocurren. «Cuando Nazaré está gigante, la espuma de las olas viene mezclada con arena y eso hace que la moto a veces se quede frenada. Y cuando ves venir esa montaña te das cuenta que estás ante la ola más peligrosa del mundo y que todo debe funcionar a la perfección si quieres conservar la vida... y empiezas a surfear y cuando te caes tratas de conservar el oxígeno, es un golpe brutal y te desorienta... y cuando vuelves a la superficie, la moto ya está ahí para recogerte».

Cada vez más grande

«Todos los años tratamos de ir más allá, hacia el límite». Desde la primera vez que visitó Nazaré en el 2003 hasta la actualidad, Rebiere ha sido testigo de la evolución del surf en olas gigantes. «Cada año -comenta- parece que has llegado al techo, pero nunca paramos... buscamos una ola un poco más grande... y así seguiremos hasta que un día encontremos el límite. Espero que este año sea yo el que surfee la más grande».

El potencial de galicia

«Tiene varios Nazaré y este año vamos a surfear uno». Pero el deportista franco-brasileño no se conforma con surfear Nazaré esta campaña. Lleva viviendo en A Coruña desde hace años y conoce al milímetro del potencial que tiene Galicia para este tipo de especialidad extrema. «He invertido bastante tiempo buscando por la costa de las Rías Altas lugares que puedan fabricar una ola como la de Nazaré y ya he encontrado varios. Este invierno estoy seguro de que surfearé alguno. El único problema que tiene Galicia es que las borrascas traen vientos fuertes y con mala dirección. El primer día que tengamos oleaje y viento ligero del sur, empezará el espectáculo», promete.

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