Rossi ya no hace gracia


Valentino ha ganado siete campeonatos del mundo de la máxima cilindrada. Una marca difícil de batir. Pero mucho más difícil de superar que sus títulos es el carisma arrollador del italiano y una simpatía que, sin duda, han multiplicado el efecto de sus victorias hasta convertirle en una leyenda viva. Por eso resulta desconcertante que quien lo ha ganado todo y es adorado por todos, estropee así su trayectoria. Rossi ha manchado su carrera de una forma tan grave como innecesaria. La acción ante Márquez pasará a la historia de las marrullerías más indecentes del deporte.

Antes de que llegara la acción controvertida, Rossi y Márquez se enzarzaron en una espectacular y maravillosa vorágine de adelantamientos. Hasta catorce veces, por lo menos, se pasaron. No se observó nada más allá de una guerra entre dos estrellas de la moto. Fueron adelantamientos dentro de la ortodoxia. Pero a Valentino le molestaba que el niño Márquez le disputara la carrera, obstaculizándole en su lucha por el título. ¿Qué tenía que haber hecho Márquez entonces? ¿Dejarle ir? De haber hecho eso, en buena lid, debería haber dejado ganar a Lorenzo en Australia, cosa que no hizo robándole cinco preciosos puntos al mallorquín. Pero si Rossi fue sucio, la dirección de carrera no le fue a la zaga. La sanción ha puesto en evidencia que en este mundillo priman más intereses espurios que la mera tutela deportiva del espectáculo.

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