Un autónomo de la raqueta

Juan Lizariturry, que alcanza la final el torneo del Club de Campo, regresó a la competición tras un accidente y asumiendo los gastos


Vigo

Juan Lizariturry (País Vasco, 1991) consiguió meterse en la final del Torneo Internacional de Tenis del Club de Campo de Vigo. El donostiarra se hizo con la victoria tras ganar por 6-7 y 6-4 al canario David Vega. 

Juan,  tenista profesional español, se sitúa en el puesto 574 en el ránking ATP, con 55 puntos y 26 torneos jugados en este año. Ahora está en Vigo, donde residen las hijas de los hermanos de su abuelo. «Me enteré esta semana por el presidente de la federación», declara. 

Desde que tenía cuatro años, Juan alternaba el tenis con otros deportes como el fútbol. Hasta los 11 años vivió en Madrid, y a esa edad sus padres dijeron que era hora de poner rumbo hacia la punta noreste de España, Barcelona. Fue ahí cuando este joven tenista empezó a ver este deporte como una carrera, como un oficio. A pesar de entrenar 24 horas todos los días, terminó sus estudios de bachillerato y realizó las pruebas de selectividad, aunque nunca llegó a matricularse en la universidad, «siempre te puede hacer falta y nunca está de más», cuenta. 

Cuando aún era un adolescente al borde de la mayoría de edad se percató de que estaba obteniendo buenos resultados en los partidos y de que sí, era un deporte para tomárselo muy en serio. «En ese momento me veía con bastantes posibilidades, pero son los resultados y los niveles de la competición los que te van guiando. Yo solo los seguí». 

A sus 24 años sabe lo que es estar entre los 370 mejores del mundo. Actualmente ha descendido algunos puestos, porque tampoco se lo han puesto demasiado fácil a este joven vasco. «Ya tengo 24 años y eso cambia algunas cosas. Sigo igual de ilusionado y con el mismo carácter competitivo, pero es cierto que hay cosas que cambian. Tengo menos patrocinadores por ejemplo, porque ellos se fijan en gente más joven y es normal». Juan habla de esto porque reconoce que pierde dinero jugando. Él mismo debe pagar a sus entrenadores, además de las estancias y comidas cuando se va a competir porque «el ránking en el que me muevo no gano lo suficiente como para competir y no perder dinero», dice.                                      

Su carrera no ha muerto, a pesar de las barreras a las que se ha enfrentado desde hace años, lo tiene claro. «Lo que sucede es que vas madurando con las experiencias de la vida y eso te ayuda a superar determinadas situaciones», confiesa.

Y es que hace un par de años, Juan no era Juan. Era más inseguro, algo que se paga caro en las pistas. «Al final es lo que nos pasa a todos, tienes que superar los miedos. Y eso se hace con lo dicho, las experiencias». 

Cuando habla de madurez y de cambio Juan se refiere a un accidente. A un contratiempo con final feliz. Hace años, él y sus amigos tuvieron un accidente en un vehículo en las carreteras de Andorra. Este hecho lo postró en la cama de un hospital durante un mes sin poder moverse, pensando que no podría volver a jugar. 

«Por suerte todo salió bien, y te das cuenta de los pequeños detalles. Me quitaron algo y me lo devolvieron, y eso me ayudó a ver las cosas de otra manera.  Se puede decir que maduré más rápido. Ahora que lo pienso, fue un accidente que, afortunadamente, me trajo cosas buenas», declara. Pero por ahora solo piensa en la final que disputará hoy día, a las 11.00 horas, en el Club de Campo de Vigo, frente al portuense, Ricardo Ojeda,  una final de españoles en el 75º aniversario del club.  

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