Diseño del «green» para la bicicleta

Contador usa un maillot con la tecnología que inspira la forma de las pelotas de golf


redacción / LA Voz

En Fonzaso, un pequeño pueblo de poco más de tres mil habitantes en el nordeste de Italia, la primavera suele tiene un olor: el del ciclismo. Por las entrañas de los Dolomitas, el deshielo, el adiós a las carreteras teñidas de blanco, deja paso a la pasión sobre las dos ruedas. Los aficionados llegados desde todos los puntos de Europa se enfrentan a pendientes de asfalto interminables a golpe de pedal. Deseaban esa tortura desde hace meses. Y allí, a pocos pasos de comenzar esas rutas heroicas, en una fábrica de modestas dimensiones, se desarrolla uno de los maillots de competición más avanzados del mundo, el que Alberto Contador lució antes del verano en la contrarreloj del Giro de Italia y el que volvió a enfundarse hace pocos días en la prueba contra el crono por equipos del Tour de Francia. Basado en los mismos principios aerodinámicos que inspiran las pelotas de golf, la prenda gana rugosidad para ahorrar esfuerzo.

En la era donde no medir hasta el último milímetro, donde en el deporte dejar algo fuera del control de los números es un sacrilegio, la equipación de Contador ofrece una alegría a los estadistas. Las pruebas que realizó el equipo del madrileño estiman que la prenda puede suponer una economía de, al menos, 20 vatios a una velocidad de 50 kilómetros por hora -con otros elementos aerodinámicos de la bicicleta o el casco se estima una ganancia de 38 vatios a la misma velocidad, lo que significa unos cinco segundos por kilómetro-.

Menos turbulencias

El principio sobre el que se fundamenta es relativamente sencillo. A grande rasgos, el flujo de aire se comporta de manera más estable, con menos turbulencias, cuando tropieza con un obstáculo que guarda una morfología redonda. Las ligeras curvas reducen la zona de depresión que se genera detrás de él cuando el cuerpo del ciclista en movimiento impacta contra el aire. Y aparecen pequeñas fuerzas que incluso favorecen la marcha del corredor.

«La forma del material que utilices es determinante a la hora de hacer circular el aire. El primer punto de contacto [punto de presión] debe ser curvo o en flecha mejor que plano», explica en Zonamatxin Aurelio Corral, Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad de León, quien agrega que la velocidad a la que se desplaza el objeto también es importante a la hora de elegir el tipo de material. «Si sabemos a qué velocidad nos vamos a desplazar o esperamos desplazarnos, sabremos qué turbulencia se genera y qué nos va a beneficiar más o menos». Para una contrarreloj o rodar en solitario, nada como la estabilidad de los hoyuelos de una simple pelota de golf.

Durante los 28 kilómetros que unen las localidades francesas de Vannes y Plumelec, en la novena etapa del Tour de Francia, Alberto Contador lucía ese característico tejido enrejado que le cubría prácticamente todo el cuerpo. Solo una pequeña parte de las piernas le quedaban al sol de julio. El Tinkoff-Saxo era una de los favoritos en la contrarreloj por equipos, pero las cosas no acabaron de salir como desde la formación rusa esperaban. Se dejaron 28 segundos con el todopoderoso Sky de Chris Froome, quien finalmente se subió al primer peldaño del podio en los Campos Eliseos de París. Porque, al fin y al cabo, la tecnología más potente encima de las dos ruedas es el impulso de las piernas.

De hecho, durante el Tour, el ciclista madrileño contó con otra innovación más para tratar de maximizar cada pedalada. Estrenó un modelo revolucionario de bicicleta en el que trabajaron a tiempo completo 15 ingenieros y se invirtieron más de mil horas en el túnel del viento. En condiciones ideales, un profesional podría arañarle al cronómetro cerca de cinco minutos por cada 40 kilómetros recorridos. Una auténtica barbaridad. Pero la carretera y el laboratorio no son ecosistemas iguales. «Muchas veces cuando trabajas en el túnel del viento o en el velódromo haciendo pruebas, ves que con una posición determinada sobre la bicicleta podrías tener ganancias considerables en tu rendimiento», comenta el triatleta Iván Raña, quien añade: «Pero luego son posturas o materiales que te incomodan y que son difíciles de usar en competición. En mi caso, siempre opto por una combinación razonable entre comodidad, que te permita centrar la cabeza en dar el máximo, y optimización».

Mientras los especialistas tratan de asimilar los cambios, la maquinaria de la industria no para. En cualquier rincón, desde un negocio familiar en mitad de los Alpes, donde las fotos de ciclistas ilustres italiano adornan cada pared, hasta unas instalaciones de lujo en la vanguardista California, se dibuja el futuro de un deporte que, pese a sus impulsos autodestructivos, sigue atrayendo a las masas.

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