La dignidad según Escañuela


El pasado jueves, José Luis Escañuela apeló a valores nobles, como la libertad, para defender su gestión en el mundo del tenis. Habló de acoso a Gala León y vistió de demonio a Miguel Cardenal, a quien acusó de pretender gobernar la federación desde su sillón gubernamental y de destruir el bello deporte de la raqueta.

Es habitual encontrarse a personajes como el propio Escañuela, que apelan a todos esos valores dignos para esconder tras de ellos asuntos que poco o nada tienen que ver con la dignidad. Villar se queja de que el secretario de Estado para el Deporte conspira para perjudicar al fútbol, que fiscalizarle las cuentas de la federación viene a ser lo mismo que acabar con el fútbol español. Igual que Lendoiro en su día repetía una y otra vez: «Atacarme a mí es atacar al Deportivo», como si hubiera una suerte de confusión entre su personalidad y sus intereses con los del club que gestionaba. Argumentos de escaso rango intelectual, pero que a veces funcionan cuando se mezclan sentimientos tan a flor de piel como los que acompañan al deporte.

Obviamente, fiscalizar las cuentas de José Luis Escañuela es bueno para el tenis; exigirle a Villar que justifique los gastos de los campos que se construyeron es bueno para el fútbol; y recordarle a Lendoiro que pisoteaba leyes y normas, era muy bueno para el Deportivo.

En el caso de Escañuela, durante meses se ha negado a facilitar información al CSD sobre la Fundación y el Observatorio del Tenis. Cuestión absolutamente incomprensible en quien no tiene nada que ocultar. Y actitud claramente intolerable por la administración que tiene la obligación de controlar a las federaciones. Pero en España no había mucha costumbre de enviar inspectores del gobierno para buscar las cuentas, ni abrir expedientes de reintegro de subvenciones cuando no se justifican los gastos. Cardenal no solo ha estado para las fotos con las medallas de nuestros deportistas, como era el caso, por ejemplo, de Lissavetzky. El actual secretario de estado ha pisado los charcos propios de su responsabilidad. El deporte español puede vivir sin que sus dirigentes salgan en las fotos, pero se hundiría si estos no ejercen sus funciones. Y ahí, Cardenal ha sido ejemplar, felicitando a nuestros campeones y tirando de las orejas a quienes se saltan las leyes y perjudican a nuestro deporte. Eso es lo que se espera de su figura, que no le tiemble la mano cuando enfrente aparezca un Villar o un Escañuela.

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