Florentino quiebra la paz blanca

La salida de Ancelotti y el desencuentro con Ramos enturbian el futuro del Real Madrid


redacción / La Voz

Cuando en junio del 2003 Florentino Pérez decidió que no renovaría a Vicente Del Bosque, un hombre especialmente apreciado por el vestuario, inició el camino que lo llevaría a dimitir de su cargo tres años más tarde. A partir de aquel momento, se entregó a la plantilla, a complacer a una constelación de estrellas que, sin el guía apacible que los había conducido a conquistar dos Champions, había perdido el rumbo. La situación actual del Real Madrid recuerda aquella que terminó con la primera etapa del presidente blanco, la que puso fin a la era de «Zidanes y Pavones».

Carlo Ancelotti

La brújula en la caseta. Tras el paso de José Mourinho, el técnico que Florentino considera más capacitado para regar de gloria las vitrinas del Santiago Bernabéu, Carlo Ancelotti sentó como un soplo de aire fresco. Su estilo pausado y elegante se amoldaba a la perfección de un club que siempre presumió de caballerosidad. El discurso de enfrentamiento con el Barcelona se rebajó y los clásicos empezaron a parecerse a partidos de fútbol. Y, sin aspavientos, el Madrid sumó en Lisboa la décima.

Pero, apenas un año más tarde y con una planificación deportiva puesta en cuestión desde todas las esferas, en las oficinas comenzó a irritar el paternalismo que el técnico italiano derrochaba con sus jugadores, sobre todo, cuando tocaba asumir un fracaso. Florentino Pérez, igual que había hecho con Vicente Del Bosque, decidió que había llegado el momento de despedirlo. El adiós de Ancelotti dinamitó la relación entre los futbolistas y Florentino. Poco antes de la rueda de prensa en la que el presidente anunciaba que había cesado al entrenador, los pesos pesados de la plantilla le habían pedido su continuidad.

Sergio Ramos

El contrato y el honor. Entre los que más cariño profesaban a Ancelotti, se encontraba Sergio Ramos. No habían sido sencillas la relaciones entre el central y el preparador de Reggiolo. En las Navidades de su primera temporada, se acercó al Sevillano después de un entrenamiento y le dijo que si seguía en ese estado de forma Varane y Pepe jugarían más que él, que no dudaba de sus cualidades, probablemente las mejores que había visto en un defensa en mucho tiempo, pero necesita exprimirse. La élite consiste en eso, le espetó. Ramos aceptó como pocos el desafío y le devolvió la confianza de manera inmejorable, con un cabezazo antológico para erguir a su equipo en la final de la Champions de Lisboa. Por eso al sevillano le dolió especialmente el despido de Ancelotti.

Con esa herida, comenzó la negociación de su ampliación de contrato -el que tiene vigente expira en junio del 2017-. El jugador cree que debe estar entre los mejores pagados del equipo, como, entienden, correspondería a su estatus dentro el grupo. Ahora cobra seis millones de euros netos por temporada y el Madrid está dispuesto a alcanzar los siete, lejos de los 10 que ha solicitado el hermano del jugador, René. Así, Florentino ha logrado tener en Chamartín a otro icono a punto de hacer las maletas.

Casillas

Una sintonía imposible. Pese a que el capitán se esfuerza por guardar las formas, lo cierto es que el vínculo entre los gestores del club y el hombre que estuvo presente en los últimos grandes logros del Real Madrid y de la selección española. Con un currículo envidiable, siente que desde los despachos han intentado retirarlo prematuramente. Sobre todo, desde que se enfrentó a Mourinho, la apuesta personal del presidente. Si su marcha no acaba de concretarse es por una cuestión de mercado. No es sencillo que otro club afronte el pago de la nómina de un portero con 34 años, cuya hoja de servicio está vinculada a la historia del Madrid, donde contribuyó de manera decisiva a alimentar de gloria esa camiseta siempre hambrienta de éxito.

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