Villar desprecia a la selección femenina con su ausencia en Canadá


En la noche del pasado martes se produjo un hito en la historia del fútbol español. Por primera vez, la selección femenina disputó un encuentro de la fase final de un Mundial. Fue contra Costa Rica y España empató a un tanto en un encuentro en el que mereció la victoria. Nunca antes se había puesto tanto el foco en el fútbol femenino. Vero Boquete y compañía sintieron el apoyo de su país como nunca antes lo habían sentido, protagonizando un espacio insólito en medios de comunicación.

Pero el apoyo no fue total. Como suele suceder con el personaje, Ángel María Villar fue a la contra. El presidente de la Federación Española de Fútbol priorizó otros asuntos antes que acompañar al equipo nacional en su debut histórico en la Copa del Mundo. Una más del dirigente que, según algunos medios, no acudió al evento mundial porque estaba obligado a estar con un patrocinador de la federación. Ayer por la noche, se encontraba en el encuentro amistoso que España jugó ante Costa Rica en León. Un partido absolutamente prescindible y más cuando al otro lado del mundo un grupo de jóvenes pioneras que está escribiendo la historia se merecía el reconocimiento de tener allí a su presidente.

Su ausencia, por mucho que la justifique -si es que lo hace, porque nunca suele dar explicaciones-, es un desprecio mayúsculo e impropio de lo que él representa.

Villar lleva unos meses alejado de aquel estratega que ha sido capaz de perpetuarse en el poder durante casi treinta años. Se ha enfrentado a demasiados enemigos y ha perdido todas las batallas. Va de tropiezo en tropiezo. Quiso reventar el decreto de los derechos televisivos y salió trasquilado. Chantajeó al Gobierno con amenazas de la FIFA para dejar de ser auditado y los expedientes que tiene abiertos siguen adelante. Pidió a la UEFA y a la FIFA que echaran a Cardenal de varias comisiones, y pinchó en hueso. Se ausentó de todas las reuniones contra la violencia en un momento muy sensible y se retrató como saboteador de la lucha contra semejante lacra. Y se posicionó y votó a Blatter en las elecciones de la FIFA contra el criterio de Platini, presidente de la UEFA. Y ello con el conocimiento del escándalo de corrupción que ya había explotado con las investigaciones de la justicia norteamericana.

Lo último es su ausencia en Canadá, haciendo ver que acompañar a la selección femenina era algo secundario. Dicen que en su día Villar fue un gran defensor del fútbol de mujeres, pero está claro que para él, hoy, no es una prioridad.

Si años atrás Villar pudo suponer un cambio en el fútbol patrio, hoy es un grave problema. Y él lo sabe, pero se aferra al puesto. Si a lo largo de los años disfrutó del ejercicio de la presidencia del fútbol español, parece claro que, a partir de ahora, mucho más que disfrutarlo, va a sufrir el cargo. ¿Por qué se atornilla entonces? ¿Qué tendrá el poder que nadie se da cuenta cuando debe irse?

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