La vuelta a la élite de Ana Varela

Tras dejar el piragüismo y tocar fondo en el 2007, la palista gallega regresó el año pasado al equipo nacional y ahora sueña con ir a Río


redacción /La voz

El miércoles, poco después del mediodía y a 25 minutos en coche del corazón de Marsella, en el centro de entrenamiento Robert Louis-Dreyfus, Marcelo Bielsa habla en una rueda de prensa. «Entiendo la lógica con la que operan ustedes -en referencia a los periodistas-, porque es la lógica del ser humano. Todo es bueno si ganamos y malo cuando emerge la derrota. Y en esa lógica desaparecen todos los matices. Tengo presente que nadie te acompaña para ayudarte a ganar y todos te acompañan si has ganado», reflexiona el entrenador del Olympique. A la misma hora y a 1490 kilómetros por carretera, los que separan Marsella de Sevilla, Ana Varela (Bembibre, 1983) no ha escuchado las palabras de Bielsa, pero tampoco le hace falta. Ese discurso lo conoce al milímetro. Encontrar las tonalidades grises, escapar del blanco y negro, es lo que le han hecho regresar a la élite del piragüismo, a estar de nuevo en el equipo nacional y poder soñar con disputar unos Juegos Olímpicos.

«Todo o que non fora gañar o sentía como un fracaso. Estaba acostumada a iso, á competitividade, e non era capaz de relativizar un problema, de darlle a dimensión que merecía», comenta la palista gallega, que con 14 años entró en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra para ponerse bajo las órdenes de Suso Morlán, el hombre que esculpió a David Cal. Los resultados llegaron pronto. Entre otros logros, como juvenil de segundo año forma parte del K-4 que alcanza el subcampeonato del mundo en Brasil. Poco después salta a la categoría sénior, primero en distancias no olímpicas y más tarde ingresa en el equipo nacional para apuntalar el K4. En el 2005, en el Mundial de Zagreb, el barco español de K-4 200, con Ana Varela, sube al tercer peldaño del podio. Pero las cosas ya habían empezado a torcerse. En el 2007 el grupo se rompe.

«Non funcionabamos como un equipo, cada unha miraba polos seus intereses e case sempre se impoñían os das máis veteranas. Entón dáste conta que non depende só do que fagas ti e sentín que xa non aguantaba máis». Y lo dejó todo y se marchó para casa. De pronto, pasó de entregarle más de seis horas al día a los entrenamientos a no tocar la pala. «Estaba perdida. Non quería facer nada. Foi das cousas máis duras que pasei na miña vida», rememora la deportista. El bache duró siete meses, hasta que desde la federación española se ponen en contacto con Ana Varela y le plantean la posibilidad de que retorne a la acción. «Falei cos meus pais, porque eran as persoas que sufriran comigo todo ese tempo e eles dixéronme que me apoiaban en todo». Vuelve al equipo nacional, pero «sorprendentemente despois foron eles os que me cortaron as alas».

Se aclimata al golpe. Esta vez estaba decidida a continuar haciendo lo que más le gusta: deslizarse sobre el agua encima de un kayak. «E despois de tanto tempo -destaca- descubrín no meu club -el Kayak Tudense- o verdadeiro piragüismo, sen a obsesión dos resultados, sen o coitelo entre os dentes todo o día». Y con la sensación de que en cada sesión disfruta como nunca, recobra las ganas de apretar, de buscar los límites. «Esteban [Alonso] foi unha das persoas que máis me axudou a seguir pelexando cando se me pecharon portas». «Posiblemente a Ana en el pasado le perjudicó haber sido tan sincera. Desgraciadamente en esta sociedad ser un poco hipócrita tiene recompensa», recalca el preparador del Tudense, quien ensalza «la capacidad de liderazgo y de trabajo de Ana». «Se crece en las competiciones y eso es muy importante», apostilla.

A partir del 2011, compagina los entrenamientos con un ciclo superior de Técnico en laboratorio. Y, poco a poco, de una forma natural, va incrementando su nivel hasta que el año pasado accede de nuevo al equipo nacional y disputa el Mundial de Moscú en el K-4 500. «Xa non me importa ser a máis rápida, so quero que o barco sexa o máis rápido». Y sueña con los Juegos de Río -antes tendrá el Europeo, en mayo, y el Mundial, en agosto-. Y ya sabe que, pase lo que pase, ha sido capaz de escalar de la nada a la cima.

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