La violencia paraliza el fútbol griego

El gobierno ordena detener la competición por tercera vez esta temporada


Redacción

El pasado fin de semana, un gesto del técnico del Olimpiakós, Vitor Pereira, desembocó en la invasión de campo por parte de varios hinchas del Panathinaikós, que armados con palos y banderas intentaron dar alcance al técnico del conjunto rival. La policía tuvo que intervenir para evitar el linchamiento. A punto de iniciarse el segundo tiempo, una botella impactó en el hombro del centrocampista suizo Patjim Kasami. El árbitro decidió detener durante unos minutos el clásico ateniense en lo que fue un avance de la decisión tomada ayer por el gobierno griego. «En estas condiciones es impensable continuar las competiciones», explicaba el ministro adjunto de Deportes Stavros Kontonis tras anunciar la suspensión del campeonato.

La medida responde a un nuevo intento de las instituciones públicas de solventar un problema que los clubes no parecen demasiado interesados en erradicar. Muy al contrario, la actitud de los responsables de las entidades deportivas solo ha servido para agravar el conflicto. La reunión del martes del presidente del Olimpiakós, Vangelis Marinakis, y del Panathinaikós, Giannis Alafouzos, con representantes de la liga acabó de forma abrupta. Alafouzos se quejó después ante los medios de que Marinakis le había lanzado una botella de agua y de que su asistente había sido golpeado por un guardaespaldas.

En este clima no es de extrañar la respuesta del Olympiakos a la decisión del gobierno. «En lugar de poner una cadena en el estadio del Panathinaikós por los incidentes del domingo pasado, han puesto una cadena al campeonato griego», manifestaron los del Pireo a través de un comunicado.

«No podemos tolerar comportamientos como el de ayer en la reunión de la autoridad que organiza el campeonato de primera división. Todo el mundo puede darse cuenta del ejemplo que dan a la afición los líderes de los clubes cuando se comportan así», lamentó ayer Kontonis aludiendo al altercado producido durante el encuentro del martes.

Aplicación de medidas

«Lo que ha estado ocurriendo en el clásico y en el pasado ha sobrepasado todos los límites... Aficionados invadiendo el campo, lanzando bengalas para hacer daño a la gente, todo esto es impensable y esta situación no puede continuar», subrayó el ministro adjunto de Deportes. Exige que se hagan efectiva la batería de medidas establecida para intentar frenar el grave problema: la utilización de una entrada electrónica, que permite conocer la identidad del comprador y su ubicación en el estadio, la eliminación de las agrupaciones de radicales en los clubes y la colocación de cámaras de seguridad en los campos.

Representantes del gobierno, la liga y los clubes volverán a reunirse la próxima semana para decidir si procede reanudar el campeonato. El equipo del nuevo presidente heleno, Alexis Tsipiras, quiere que la iniciativa sea más efectiva que los anteriores parones forzados en el torneo. El primero fue en septiembre, después de la muerte de un aficionado en la isla de Creta durante un partido de tercera división. En noviembre también se suspendió tras una agresión a un árbitro que tuvo que ser hospitalizado. Hasta ahora, sin resultados.

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