El peor Woods que se recuerda

Toca fondo al caer en el puesto 62 del ránking, tras seis años sin grandes, cambios en la mecánica de juego y constantes excusas, pero tiene talento para reaccionar

Woods, de 39 años, sufre achaques físicos
Woods, de 39 años, sufre achaques físicos

REDACCIÓN / LA VOZ

Durante más de 20 años, Tiger Woods creció a ritmo de récord por semana, por torneo, por temporada, pero todo aquello parece ya historia, si cabe escribir en esos términos del mejor golfista de la época actual. El crac que transformó aquel reto de habilidad en un pulso entre jugadores musculosos que combinaban potencia y precisión, describe ahora una trayectoria a la baja. Y tan alto subió, que más dura resulta la caída. El fin de semana pasado debía ofrecer algo de luz en un páramo de resultados. Le animaba verse en Torrey Pines (San Diego), uno de sus campos favoritos, donde ganó su último grande, el US Open del 2008, y le ayudaba competir en el Farmers Insurance, uno de sus torneos preferidos, que saboreó siete veces. Pero el jueves, después de haber disputado solo 11 de los 18 hoyos de su primera jornada, abandonó el campo en un cochecito, lesionado en la parte baja de la espalda. Un adiós por la puerta de atrás. La consecuencia de tantos fiascos la espetó con la frialdad de los números el ránking mundial, que ayer se actualizó con su peor registro desde octubre de 1996, dos meses después de hacerse profesional. Según la clasificación, que pondera los resultados de los dos últimos años, dando un mayor peso a los torneos más recientes, hay otros 61 golfistas mejores. Un dato que le cierra las puertas de los grandes torneos de las Series Mundiales, por ejemplo, una situación desconocida para el todopoderoso deportista californiano.

Después de rodarse en diciembre en su propio torneo, el Hero Golf Challenge, Woods abrió la temporada oficial hace dos semanas en el Phoenix Open. Envió un mensaje triunfador antes de reaparecer, como de costumbre: «Estoy alcanzando números de hace 15 años. Estoy lanzando mucho más largo de lo que pensaba que podría volver a lograr». Pero esa reiteración al compartir altas expectativas antes de estruendosos fracasos cada vez chirría más. Un par de tardes después de anunciar su regreso triunfal, se estrelló en el Phoenix Open, que abandonó como último clasificado. Terminó en Scottsdale con la peor tarjeta de su carrera, 82 golpes.

El jueves pasado, al retirarse, Woods achacó la lesión a la niebla, a que le cogió el frío durante el retraso que sufrió antes de empezar su jornada. Excusas de jugador menor en boca de un fuera de serie con 14 grandes en su palmarés.

Los problemas en la espalda tienen algo de deja vú, pues en marzo del año pasado pasó por el quirófano para someterse a una operación que le privó de jugar el Masters de Augusta y el US Open. Una temporada para olvidar, pues solo completó los 72 hoyos en tres de los ocho torneos en los que participó.

El físico fue la palanca sobre la que Tiger Woods -también un artista en el juego corto- transformó el golf. Pero sus entrenamientos espartanos, sus sesiones con las fuerzas de operaciones especiales de la Armada de Estados Unidos, la exigencia a la que sometió sus articulaciones semana tras semana, parecen cobrarse ahora un peaje. A los primeros achaques, reaccionó. Adaptó su swing para aliviar sus rodillas, para lo que reclamó a Sean Foley como instructor en el 2010, pero los resultados, pese a sus declaraciones optimistas, no le colmaron. Por eso en noviembre dio otro giro al contratar a Chris Como, un desconocido. Los ajustes en su movimiento, por ahora, no funcionan.

Woods, aún con 39 años, podría en cualquier momento enlazar unas semanas de inspiración y acercarse a los 18 grandes de Jack Nicklaus, el récord que persigue desde joven. Hasta hace poco, los 40 marcaban el inicio del declive de un golfista profesional. El físico de Woods pudo haber adelantado esa difusa frontera, pero nadie puede darlo por acabado. Lo sabe Phil Mickelson, un artista, que hace unos días lo defendió de las críticas recibidas por fallos impropios alrededor del green.

 

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