Djokovic, hacia la cumbre por el sufrimiento

Djokovic, que siempre tuvo talento, aprendió a controlarse, apenas se lesiona y rinde en todas las superficies, la mezcla para optar a los cuatro grandes este año


REDACCIÓN/ LA VOZ

Cinco títulos en Australia, ocho grandes en total y estable número uno del mundo, el último título en Melbourne agranda la figura de Novak Djokovic. Con 27 años, todavía tiene muchas barreras que derribar. De aquí a finales de mayo focalizará cada paso en un objetivo para que el 7 de junio París sea su fiesta. Nadie consigue el doblete en los dos primeros grandes del año desde 1992, cuando lo logró el estadounidense Jim Courier.

¿Por qué Djokovic ejerce tal superioridad ahora?

Coinciden durante los últimos años dos tendencias. Por un lado, Djokovic ha crecido como jugador hasta niveles que no se imaginaban al final de la década pasada, cuando a su tenis le faltaban continuidad, sacrificio, estabilidad mental... A esa madurez propia se unieron en los últimos años, con algunos matices, los problemas de Federer y Nadal. El suizo, superada la treintena, ya no ejerce de maestro en los grand slams, y el español se pierde largas etapas de la temporada o juega mermado, como sucedió en gran parte del año 2014. El serbio ha sabido aprovechar esa oportunidad. Lo demuestra sobre todo con su fiabilidad contra los mejores. Los diez últimos partidos contra rivales del top-10, los más delicados, los saldó con pleno de victorias. Gana, fundamentalmente, por su credibilidad en los instantes decisivos. Lo vieron en Melbourne el defensor del título, Stan Wawrinka, y el perdedor de la final, Andy Murray. Ambos lo llevaron hasta el límite, ambos acariciaron la sorpresa y ambos se fueron con la misma sensación. En los momentos clave, Nole ejerce ahora de poderosísimo gigante.

¿Cómo alcanzó su madurez?

Con 20 años, Djokovic ganó su primer grande en Australia, precisamente en Melbourne, el torneo que mejor potencia sus virtudes. Pero tardó en completar su juego con los pequeños detalles que necesita un auténtico fuera de serie. A su entrenador de siempre, Marian Vajda, añadió un equipo completísimo, con el recuperador Miljan Amanovic, el preparador físico Gebhard Phil-Gritsch y el médico Igor Cetojevic. Además, ganó autoestima con la Davis del 2010, el triunfo que desató su mejor versión, pletórico de confianza, tras cumplir con su país. Y hace año y pico buscó algo de mística y consejos puntuales con la presencia de Boris Becker en su banquillo. De forma paralela, encontró estabilidad emocional al consolidar su relación con Jelena Ristic, al principio vista con recelo por su familia y hoy su esposa y madre de su hijo Stefan. Murray sería el reverso de su progresión, algo estancado, inestable y con solo dos grandes en ocho finales.

¿Qué virtudes le convierten en el mejor jugador actual en pista dura?

Nadie resta como Djokovic, algo clave en cemento, donde juega sin puntos débiles. Esa posición central en la cancha, imprescindible en pista dura, le diferencia de rivales como Nadal y Federer, que tienden a escorarse para tapar un golpe y dejan metros libres. Más resistente de lo que era cuando irrumpió, y elástico como pocos, jamás tendrá el coco de Nadal, pero el tenista perfecto no existe, y mantiene una mentalidad positiva.

¿Hasta dónde puede llegar?

No tiene el cuerpo castigado de Nadal, triunfa sobre todas las superficies y a los 27 años pocos le hacen frente. Jamás se perdió un grande por lesión, una estabilidad física que recuerda a la de Federer, un dato que ilustra su futura perdurabilidad en la treintena.

¿Destronará a Nadal en Roland Garros?

Si alguien puede lograrlo es Djokovic. Hasta el 2011, nunca había derrotado a Nadal sobre arcilla, aunque desde entonces le derrotó en cuatro de las nueve ocasiones en las que se vieron las caras en polvo de ladrillo. Pero nunca en París, la inmensa pista fetiche del español, la Philippe Chatrier.

¿Completará el Grand Slam original en el 2015?

Si Djokovic gana en París, será incontrolable. Podría renunciar a todo por centrarse en Wimbledon y el US Open. Nadie completa el Grand Slam en un año desde la gesta de Rod Laver en 1969. Es el billete más próximo a la eternidad, aunque no tenga la clase de Federer, la garra y la inteligencia de Nadal, el instinto asesino de Lendl, el carisma de McEnroe ni el saque de Sampras, por citar algunas de las mejores raquetas de la época reciente. Pero en su horizonte se levanta la figura inmensa de Nadal, otra leyenda, por ahora bastante más grande.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos

Djokovic, hacia la cumbre por el sufrimiento