El extraordinario cinismo de Cerezo


«Este problema llevamos sufriéndolo nosotros muchísimos años, sobre todo el insulto verbal en el campo, y realmente también hay que solucionarlo. Todo lo que sea erradicar la violencia verbal o física de los estadios y sus alrededores, me parece perfecto». Quien así habla es Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid y uno de los dos responsables de que el Frente Atlético haya campado a sus anchas por el Calderón durante años. Su extraordinario cinismo deja pasmado a cualquiera que conozca un poco cómo las ha gastado en su estadio este grupo de orientación fascista con un historial violento estremecedor. Si el Frente Atlético insultó en el Calderón a todo a aquel que le vino en gana, (cierto es, incluidos Cerezo y Gil) ha sido por la pasividad de los dirigentes colchoneros, que lo han permitido.

Ahora estamos ante el punto y final a la barra libre de los insultos en los estadios. Los clubes serán castigados por lo que griten sus aficionados. De esta manera se pretende acabar con la connivencia de las directivas, que sufrirán en sus propias carnes la agresividad ultra. Claro que este nuevo escenario puede llevar a situaciones kafkianas, en las que un grupo de seguidores enfadado con su propio presidente coree, al estilo de lo que sucedió el pasado sábado en A Coruña: «Tino, cabrón, sal de Riazor», o «Tino, muérete», pagando el club y el propio dirigente las consecuencias.

En cualquier caso, ha pasado otro día y ni se ha detenido a los asesinos del ultra del Deportivo, ni los Riazor Blues han movido ficha para, si no se disuelven, echar de su grupo a quienes practican la violencia. Mientras no lo hagan, la estarán amparando y no tendrán legitimidad alguna para seguir como si nada hubiera pasado y atacar a quien desde su puesto sí protege al club de la terrible e injusta situación en la que han metido al Deportivo.

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