«Cuando dejas el boxeo parece que todos se olvidan de uno»

El expúgil hará una exhibición este viernes en el gimnasio Neka de Monforte


monforte / la voz

ALFREDO EVANGELISTA EXBOXEADOR CAMPEÓN DE EUROPA

El exboxeador Alfredo Evangelista, apodado «el lince de Montevideo» pasará este fin de semana en la Ribeira Sacra. El púgil, afincado en Zaragoza desde su retirada, aceptó la invitación del promotor deportivo, Pablo Bernedo, para realizar una exhibición en el gimnasio Neka de Monforte y dar una charla y firmar autógrafos en el restaurante Los Goya. Evangelista está contento con el hecho de visitar de nuevo Galicia, desplazamiento que aprovechará para contar sus experiencias cuando estaba en activo.

-¿Cómo surgió la posibilidad de venir a Monforte?

-Todo se fraguó a través de las redes sociales, a través de las cuáles conocí a Pablo Bernedo. Hablamos, nos hicimos amigos, y me habló de esta posibilidad, que yo acepté con gusto. Voy encantado, porque veo que la gente se sigue acordando de mí. No es nada frecuente, porque cuando uno deja el boxeo los aficionados enseguida se olvidan.

-¿Cuál es su hoja de ruta para este fin de semana?

-El viernes haré una exhibición en el gimnasio Neka, dónde enseñaré algunas cuestiones relacionadas con las técnicas del boxeo. Me brindaré a las jóvenes promesas para que me pregunten todo lo que estimen oportuno. Después, en los Goya daré una charla. Quiero trasladarle a mis adeptos cuáles fueron las sensaciones que tuve cuando me proclamé campeón de Europa.

-¿Con qué recuerdos se queda en su etapa en activo?

-Con la consecución del campeonato de Europa de pesos pesados entre los años 1977 y 1979, así como el del 1987. Grandes recuerdos tengo de mis enfrentamientos con instituciones del boxeo como Mohammed Ali y Larry Holmes.

-¿Cuál fue su primer título?

-El 17 de junio de 1977 gané el Europeo del peso pesado, al imponerme por k.o. en el undécimo asalto en Madrid al francés Lucien Rodríguez. Fue muy emotivo.

-¿Cómo empezó en el boxeo?

-Tenía catorce años, y uno más tarde ya entré en el mundo profesional. Eran momentos difíciles en mi país, Uruguay, en el que estaban los militares. Pasé hambre, y para salir de la situación había que buscar alternativas. Un entrenador cubano se puso en contacto con un amigo mío, al que le comentó si conocía a alguien para pelear en un ring. Él me trasladó la propuesta, que valoré como válvula de escape económica. Hice siete peleas como aficionado, y después me mandaron el billete y me vine para España, país en el que me nacionalicé. Así empezó mi trayectoria, de la que estoy muy satisfecho y orgulloso. Fueron años bonitos.

-¿Goza de salud el boxeo?

-Actualmente, en Europa no. En América sí se puede vivir del boxeo, pero aquí apenas hay tres o cuatro boxeadores con opciones. No se ayuda nada a este deporte. No obstante, yo animo a las jóvenes promesas a qué trabajen, porque siempre encontrarán el respaldo y el apoyo de gente como nosotros, a los que el boxeo nos ha dado mucho. Los inicios son duros, pero el esfuerzo y la entrega merecen la pena.

-¿A qué se dedica usted ahora?

-Aquí en Zaragoza trabajo con jóvenes promesas en el gimnasio López Bueno, que lleva el nombre del campeón mundial del peso mosca. Tengo a mi cargo unos doce deportistas de edades comprendidas entre los 22 y 25 años. Les enseño mi boxeo y les transmito mis experiencias. A mis 59 años disfruto mucho. Me siento un joven más. Quiero resarcirme del mal momento que pasé cuando dejé el boxeo.

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