Dos noches bajo el agua

Olas de cinco metros y vientos de 30 nudos convierten en una odisea el paso de los barcos de la Volvo Ocean Race por la corriente de Agulhas, en Sudáfrica


redacción / La Voz

«Nuestro baño no es de porcelana, sino de carbono, sin puerta, sin asiento, [...] Ayer [por el viernes] intenté utilizarlo. Cuando conseguí sentarme, lo que tomó mucho, mucho tiempo, una ola enorme lanzó el barco por el aire y me golpeé la cabeza con las rodillas. ¡Cómo es posible? El agua salió hacia afuera y mis pantalones y ropa interior acabaron totalmente mojados. Las condiciones son muy difíciles, como lo refleja mi intento de ir al baño durante 25 minutos sin conseguirlo». El relato es de Brian Carlin, tripulante del Team Vestas Wind, uno de los siete barcos que desde octubre se encuentran disputando la Volvo Ocean Race, la vuelta al mundo con escalas, y en la que completará 38.739 millas durante los más de nueve meses que dura la exigente competición.

Una prueba en la que los navegantes exploran sus límites físicos y mentales. Un buen ejemplo de ello ha sido la salida de la segunda etapa, la que unirá Ciudad del Cabo con Abu Dabi, donde se encontraron con la legendaria corriente de Agulhas, que sumada a los vientos de 30 nudos, convirtieron la lámina del océano en un solar quebrado por olas de más de cinco metros. Durante dos días y dos noches infernales, apenas hubo tiempo para comer ni para descansar. El agua barría la cubierta una y otra vez. Y los constantes golpes del casco contra el Índico provocaron diversos daños en los monotipos de 65 pies (19,81 metros) diseñados por Bruce Farr, que durante 48 horas se parecieron más a submarinos que a veleros de última generación.

La comida por el aire

«Dentro del barco, todo lo que sucede es imprevisible» . Habitualmente, los navegantes oceánicos utilizan para su alimentación comida liofilizada -que se ha deshidratado previamente mediante un proceso que incluye su congelación-, porque apenas ocupa espacio y también pesa menos. Para consumir este tipo de productos es necesario añadirles agua dulce, pero cuando todo lo que hay bajo los pies de un tripulante se desplaza sin orden hacia un lado y hacia el contrario, a veces una tarea tan básica como esa resulta prácticamente imposible. «Aceleras, entonces un frenazo brutal, te inclinas para un lado y luego para otro, de repente. Cuando estás en cubierta puedes prever lo que va a pasar, pero dentro no. No se puede anticipar. Ayer estaba intentando prepararme un bol de comida, atravesamos una ola, el barco se frenó, y el bol salió volando. Total, quince minutos limpiando», comenta en el diario de a bordo Yann Riou, del Dongfeng Race Team chino, que a última hora de ayer lideraba la etapa por delante del Team Alvimedica y del Mapfre español.

Aumentan los daños

«Todas las roturas que no tuvimos en la primera etapa, las estamos teniendo ahora» . «Ayer [por el viernes] hubo un rato de viento suave que nos permitió descansar, pero a las once comenzaron las grandes olas de nuevo y 25 nudos de viento. Y rasgamos nuestro A3 [un tipo de vela], y lo parcheamos en media hora, por la noche. Hacia la una y media de la mañana, mientras dormíamos, oímos un ruido fuerte y el barco se fue de orzada (ponerse proa al viento) totalmente. Rompimos uno de los cables de transmisión del timón, y lo arreglamos, también, en 30 minutos», comenta Matt Knighton, compañero del coruñés Chuny Bermúdez de Castro en el Abu Dhabi Ocean Racing. «Las roturas que no tuvimos durante toda la primera etapa, las estamos teniendo ahora, nada más empezar. Constantemente, y en medio de la noche, en el barco se mueven personas con ropa de agua amarilla y las linternas frontales en la cabeza», recalca.

Sobresaltos a oscuras

«Las pocas horas de sueño se hacen sentir cuando hay este tipo de condiciones» . «Debido a la corriente que atravesamos de cinco nudos, la cubierta ha sido como un submarino. Mucha agua hasta dentro del barco. Las últimas 24 horas estuve achicando y tratando de mantener el barco lo más ordenado posible, ya que dentro la vida es difícil y salta todo para todos lados», relata Francisco Vignale, del Mapfre, un proyecto que capitanea desde tierra el gallego Pedro Campos. «Las pocas horas de sueño se hacen sentir, más cuando hay este tipo de condiciones. Por la noche Ñeti [Antonio Cuervas-Mons] estaba durmiendo en la litera encima de mí, y una ola que hizo saltar al barco rompió parte de las fijaciones y cayó sobre mí, y yo sujetándolo para que no se terminase de romper», apunta.

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