vigo / la voz

Con la mirada al frente y la concentración en el rostro, Nolito saltó al césped de Balaídos para jugar su primer partido con la selección española. Vestido de rojo, y bajo un aguacero sin piedad, veía cumplido su sueño y se convertía en el vigésimo futbolista del Celta en debutar con el combinado nacional. El primero en hacerlo con el estadio vigués como testigo.

Agarrándose a su muletilla de «el fútbol es once contra once», el gaditano se dejó los nervios en el hotel y se afanó por demostrar que la llamada de Del Bosque no era solo un detalle hacia los anfitriones. Jugaba en casa, ante los suyos y en un césped en el que fin de semana tras fin de semana se saca jugadas mágicas de la chistera, así que no permitió que la tensión le atenazara. Se pegó a la banda izquierda que tan bien conoce y se imaginó que Bernat era Planas o Jonny. Que Raúl García se vestía de Orellana y que Morata ejercía de Larrivey. Y así comenzó a tallar sus primeras jugadas como internacional.

Primero conectó a la perfección con Azpilicueta, que le cruzó un balón medido. Luego se encargó de poner un centro medido para Bernat que la defensa germana defendió bien, y transcurridos diez minutos puso aprueba al meta Zielar. Un tiro lejano del gaditano con la diestra que el meta lograba atajar, se convertía en la ocasión más clara de España en el primer tiempo.

El recién estrenado internacional del Celta no desentonaba en medio de la élite del fútbol nacional. Adivinar que debutaba con la selección no era tarea sencilla, y detalles como alguna ruleta, algún taconazo y varios balones pinchados para controlar se pudieron ver sobre el césped de Balaídos. Su repertorio con el Celta, al servicio de España.

Aunque el campo, cada vez más pesado, y una Alemania que fue a más en el segundo tiempo fueron restando protagonismo al atacante celeste, en el segundo acto todavía tuvo tiempo para desentumecer al meta alemán al sacar una falta directa que enviaba muy ajustada al segundo palo desde una posición bien conocida para el gaditano, que ya había marcado con el Granada en una acción calcada.

Abierto en la banda y aspirando a internarse en el área, buscando desmarques, ofreciéndose a sus compañeros, y filtrando algún balón para Morata, Nolito fue quemando sus primeros minutos con la Roja hasta que en el minuto 76 Vicente Del Bosque decidió que era hora de darle descanso.

Cuando el dorsal 12 de España se reflejó en el cartel luminoso del cuarto árbitro, Balaídos comenzó a desgañitarse y a ovacionar al gaditano, uno de los suyos, al tiempo que Nolito devolvía el cariño de la misma manera, aplaudiendo a una afición a la que el futbolista de Sanlúcar hace disfrutar vestido de celeste cada quince días. El último céltico que se ha ganado un puesto entre los mejores.

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Nolito, uno más en el Olimpo