El Mundial, un juego de niños

Los dos hermanos y su amigo de la infancia firman un hito sin precedentes


redacción / la voz

El problema de esta gente es que ha conseguido que ganar un Campeonato del Mundo sea algo sencillo, de manera que tras los tripletes mundiales del 2010 (Jorge Lorenzo, Toni Elías y Marc Márquez) y 2013 (Marc Márquez, Pol Espargaró y Maverick Viñales), el firmado este fin de semana por Marc Márquez, Álex Márquez y Tito Rabat necesitaba algo más, un valor añadido. Y estos tres revoltosos del motociclismo se lo dieron.

Vaya si se lo dieron. Ha sido un juego de niños, O, mejor dicho, lo han logrado como cuando jugaban juntos desde pequeños. Porque no solo existe un vínculo lógico entre los hermanos Márquez (Marc se coronó en MotoGP y Álex en Moto3), sino que su amiguito del alma es el campeón de Moto2, Esteve Rabat.

Es él, el que cuenta que todo viene de lejos, que se veía venir. Que los tres desayunaban en su caravana porque su madre les hacía la comida en la primera competición en la que coincidieron, hace una docena de años. Hasta hoy.

Ahora se ven menos, porque Tito Rabat vive y se entrena durante buena parte del año en Almería. Pero en los dos últimos años, los tres han compartido muchas horas practicando otra de sus pasiones, el dirt track (donde los pilotos corren en una pista oval plana con motos tipo motocross, enduro o supermotard con neumáticos de mojado y sin frenos delanteros).

Rufea Team

Tanto tiempo ha sido que los tres se han rebautizado con el nombre de la pista municipal cercana a Cervera (donde nacieron los Márquez) y diseñada para el hombre que tuteló sus carreras, el también campeón del mundo de 125cc Emilio Alzamora: Rufea Team.

Ese es el escenario a donde han trasladado sus juegos de niños y que los ha llevado al campeonato mundial en otra disciplina motociclística que poco tiene que ver con derrapar constantemente de forma concéntrica con la pierna en el suelo.

Ahora la situación se ha puesto un poco seria con vistas a la próxima temporada. Marc seguirá oteando desde lo alto de MotoGP, pero Álex y Tito compartirán equipo en Moto2. Ante cualquier suspicacia, el campeón de la categoría reina más joven de la historia avisa: «La amistad nunca se romperá entre nosotros».

Alguien dirá que se trata del Mundial de la amistad, que es un juego de niños. Y no le falta razón. Rabat llevaba la voz cantante en los inicios, por la diferencia de edad, pero la oposición de sus padres (joyeros) a que se dedicara al motociclismo y abandonase el negocio familiar, y el fallecimiento de su madre forjaron su tímido carácter. Ciertos episodios oscuros en los que se incluye un intento de secuestro de su madre por parte de una banda de albanokosovares contratados por su primo puede que también hayan contribuido.

No le tembló el pulso al mudarse al circuito de Almería (literalmente, vive en su propia caravana) para compensar con kilómetros su llegada tardía al deporte que le ha hecho campeón.

Vidas nada paralelas

Los dos hermanos iban un poco más por el libro. Sus padres estaban fuertemente vinculados al Club Moto Segre. También lo estaba Alzamora. El futuro de los niños estaba decidido antes incluso de nacer. Marc fue el primero que captó el mensaje, su afán era competir. Álex se lo tomaba con más calma. La incorporación del barcelonés Rabat a la familia dio el punto de balance que faltaba en la fórmula del éxito.

El Rufea Team era un hecho.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos

El Mundial, un juego de niños