La peligrosa moda de los deportes extremos

Trialtlones de larga distancia, carreras interminables, grandes escaladas...


La Voz

H acia el final del siglo pasado, el riesgo dejó de ser un elemento disuasorio para convertirse en un reclamo para miles de deportistas. La popularización de las antiguas pruebas extremas desencadenó desafíos aún más extenuantes, en una espiral que se cobra víctimas en disciplinas y casos con matices muy distintos. En las últimas semanas murieron un holandés de 41 años en el triatlón de Barcelona, dos surfistas que se bañaron en condiciones muy adversas en Zarauz y el campeón del Mundo de salto base, Ramón Rojas, en Suiza. Los rescates, tanto en expertos como en aficionados, se suceden, el último, el de un espeleólogo que pasó 13 días herido en una cueva en Perú.

«Algunas personas tratan de romper con la sociedad hiperprotectora actual y comprobar si son capaces de alcanzar un desafío. Un fenómeno que se da alrededor de los 40 o 50 años», reflexiona Carlos Bremón, uno de los fundadores del Pantín Classic de surf y presidente de la Federación Gallega de Natación.

Iván Raña afronta un IronMan (3,8 kilómetros a nado, 180 en bici y 42 a pie) gracias a su genética privilegiada y su preparación exhaustiva, e incluso así su cuerpo paga las consecuencias durante días. Por mimetismo, los populares buscan ahora esa clase de retos. Otros hacen de los desafíos un espectáculo o un modo de vida, como el bróker Josef Ajram. Y el récord lo marcan ahora los 30 IronMan seguidos, en otros 30 días, que completó el mallorquín José Manuel López.

Los eslóganes de las marcas juegan con esa idea, como el «Impossible is nothing» de Adidas. Decenas de pruebas en Galicia llevan el apellido Xtreme. Una tentación para lucir luego la hazaña en las redes sociales. Natación junto a los glaciares, surf en olas gigantes, vuelo con trajes especiales como el wingsuit... «El desafío es sobrevivir. Algunas prácticas atraen más por el morbo que por la satisfacción que producen. Sería el caso de las personas que suben a las cúpulas de los edificios sin protección», matiza Bremón. Algunos datos hablan de una muerte al año entre cada 200 practicantes de salto base (paracaidismo desde un punto fijo). Y un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Míchigan habla de cuatro millones de lesionados en deportes extremos durante los años 2010 y 2011 en Estados Unidos, el 11 % en la cabeza y el cuello.

LAS CONSECUENCIAS

Al margen de una minoría excéntrica, el ultrafondo reúne un público cada vez más amplio. Lo constata Fernando Huelin, especialista en medicina deportiva. «El entrenamiento metódico y progresivo, aumentando volumen e intensidad, propicia logros insospechados. Para los corredores, ese reto antes era el maratón, pero ahora lo representa un ultratrail de 12 o 18 horas sin parar». El doctor de Marín explica los riesgos que conllevan esa clase de excesos en carrera: «Lesiones ortopédicas, alteraciones por estrés ambiental, como el golpe de calor o la hipotermia, y accidentes cardiovasculares, arritmias, síncopes, infartos, muerte súbita...».

El beneficio en la salud producido por el aumento del ejercicio físico en España en las últimas décadas resulta incuestionable. «El deporte es sano, con muchos más beneficios que riesgos, pero debemos minimizar estos con sentido común», razona Huelin.

El aumento de practicantes de variadas disciplinas no siempre situó la auténtica cultura deportiva por encima del culto al cuerpo. «Si te encuentras mal, para; si hay 38 grados, hidrátate más; toma precauciones», recomienda Huelin, habituado a aconsejar a los adolescentes del Centro Gallego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. «Los accidentes cardiovasculares suelen producirse en la última parte de la carrera. Algunos notan la sintomatología, pero piensan ?me quedan solo dos kilómetros, ¿por qué voy a parar?? Ahí se juegan la vida, porque las muertes súbitas en carrera suceden al final. En el triatlón, también de moda, los fallecimientos coinciden en la natación, como este último caso en Barcelona. En el agua hay golpes y ansiedad y la adrenalina se dispara. Las causas pueden ser múltiples porque al inicio los triatletas no están agotados».

Si el sentidiño escasea, ¿cómo forzar a que las pruebas se celebren con unos estándares mínimos de seguridad, o que solo se admitan participantes con una cierta preparación o estado físico?

«Hoy coexisten dos clases de organizadores. Por un lado están los institucionales, clubes, federaciones y ayuntamientos, que suelen marcar con claridad las líneas rojas que no quieren pasar, y por otro se encuentran las empresas, muchas de las cuales organizan pruebas extremas, algunas sin poner coto a nada», lamenta Bremón. Dentro del circuito de la Federación Gallega de Natación, la travesía más larga enfrenta a los participantes a 4.000 metros en el río Miño. Al margen de su calendario, las distancias se disparan, de los 27 kilómetros entre las Cíes y la isla de San Simón, a los 10 que rodean la península coruñesa, o los 4,2 entre Sisargas y Malpica, extenuantes por las corrientes, el oleaje y la temperatura del agua. Según los expertos, los 10 kilómetros a nado podrían equivaler al maratón a pie. «Soy consciente de que este tema empieza a ser preocupante», admite el presidente de la Federación Gallega de Natación.

En algunos casos los deportistas se convierten también en rescatadores, como los auténticos surfistas en las playas, donde son frecuentes casos en los que apartan a los bañistas de las corrientes más peligrosas.

En los triatlones de larga distancia abundan debutantes, deportistas que compiten con una licencia de un día, un indicativo de su escasa experiencia previa. En algunos casos, aventureros que van saltando de un reto a otro. Otra vez un picoteo carente de la preparación suficiente y el sentido común.

Una ley muy reciente

La ley orgánica de protección de la salud del deportista nació en junio del 2013 con buenas intenciones. En su artículo 46 habla de que futuros reglamentos fijarán «la obligación de efectuar reconocimientos médicos con carácter previo a la expedición de la correspondiente licencia federativa, en aquellos deportes en que se considere necesario para una mejor prevención de los riesgos para la salud de sus practicantes».

Más de un año después, siguen sin fijarse esos requisitos a través de un reglamento. «En la práctica, se impone la mentalidad americana: «Haga usted con su cuerpo lo que quiera». Por ejemplo, el 90% de los corredores son populares que no están ni federados. Pagan una inscripción y aceptan un reglamento en el que el organizador no se hace cargo de lo que pueda suceder porque el participante se declara en condiciones de competir. A la empresa le basta contratar un seguro de responsabilidad individual», lamenta Huelin, que recuerda las recomendaciones para mayores de 35 años de instituciones como la Asociación Americana del Corazón, la Sociedad Europea de Cardiología y la Organización Internacional de Medicina del Deporte.

Por eso, Huelin tiene claro que la clave para evitar desgracias en pruebas de ultrafondo radica en la detección: «La gente no es consciente de lo que se juega. Si te gastas casi 200 euros en unas zapatillas, dedícale al menos 150 a un reconocimiento médico para saber si sufres una patología oculta. Un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo pueden detectar problemas que desconozca el atleta».

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