Echegoyen, a todo trapo hacia Río

Un oro en la Kieler Woche acentúa la progresión del barco que lidera la gallega

En la foto, Támara Echegoyen  y Berta Betanzos celebran el primer puesto en Kiel.
En la foto, Támara Echegoyen y Berta Betanzos celebran el primer puesto en Kiel.

Redacción / La Voz

Cuando se enjugó las lágrimas que le habían emborronado por unos breves instantes su reluciente sonrisa, Támara Echegoyen (Ourense, 1984) acertó a explicar el factor clave que la había llevado, junto a sus compañeras en el Elliot español, la coruñesa Sofía Toro y la asturiana Ángela Pumariega, desde cero hasta la cima de la vela olímpica en apenas tres años. «Nuestro secreto fue dar todo lo que teníamos. El proyecto se consolidó más tarde que el de otras tripulaciones y lo que nos propusimos es que, al menos, en apetito por el trabajo no nos iba a ganar nadie. Y le entregamos todas las horas que teníamos», explicaba todavía entre sollozos la patrona criada en Pontevedra. A los pocos minutos, aquel 12 de agosto de hace casi dos años, Echegoyen ya caminaba por la bahía de Weymouth con un oro balanceándose sobre el cuello.

Era, sin duda, el mejor metal para afrontar una despedida. Porque aquella medalla dentro de su piscina de gloria encerraba un poso de amargura. Ahora que habían conseguido un grupo, una sobresaliente base de trabajo para afrontar con garantías y tiempo el ciclo hasta Río, les llegaba la hora de disolverse. Su embarcación, el Elliot de seis metros, en modalidad de competición match race, desaparecía para Brasil. Tocaba volver a empezar.

Después de unos meses madurando la decisión, en abril del año pasado, Támara Echegoyen se unía a la cántabra Berta Betanzos en su travesía para triunfar al otro lado del Atlántico en el 2016. Ambas se embarcaban en la clase 49er FX [recibe el nombre por la eslora del barco: 4,99 metros], en la que apenas acumulaban millas. Saltaron al mar como unas novatas. El contador volvía a estar sin vueltas.

Pese a que pronto se compenetraron, a que su hoja de ruta coincidía casi al milímetro, los comienzos no fueron sencillos para las dos regatistas. Debían adaptarse a gobernar un diseño veloz y vibrante sobre el agua, que no ofrece un respiro, ni un segundo para poder dudar. Los golpes y cortes empezaron a formar parte de la rutina diaria del equipo, que estableció su base de trabajo en el Centro de Alto Rendimiento de Santander. «Es muy rápido y cuesta controlarlo, sobre todo, con viento fuerte», comentaba.

Los primeros resultados en competición, discretos. «Ahora nuestra principal preocupación es seguir mejorando, aprender de los errores. Ese es la meta a corto plazo», recalcaba repleta de serenidad la olímpica gallega.

Paso a paso, la capacidad de adaptación de dos navegantes con experiencia (Berta Betanzos se proclamó campeona del mundo de la clase 470 en el 2011) y calidad templó el timón del 49er. Y en los últimos meses su progresión se ha disparado. El pasado fin de semana concluyeron en la primera posición de la prestigiosa Kieler Woche, celebrada en la localidad alemana de Kiel y donde participaban algunas de la mejores especialistas de Europa.

Pero el dúo español ya había avisado con anterioridad de que venían a todo trapo. A principios de abril, en el Princesa Sofía de Palma, prueba de la Copa del Mundo, terminaron en una meritoria sexta posición, tras firmar dos segundos puestos en la última jornada. Días más tarde y también en otra regata del máximo nivel en Hyéres (Francia), Echegoyen y Betanzos se acabaron séptimas. Para ellas, la cúspide no es fruto de la casualidad, se ha convertido en una costumbre.

El siguiente desafío es superlativo. El Mundial de las Clases Olímpicas que se disputa del 8 al 21 de septiembre en Santander y donde aspiran a clasificar el barco español para Río. Pero, pase lo que pase, Echegoyen ya ha demostrado que no solo sabe levantarse una y otra vez, sino que es capaz de escalar hasta la cumbre con relativa facilidad.

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