Paseo triunfal de Kaymer

El alemán, líder desde el inicio del US Open, vence con ocho golpes de margen y gana su segundo grande tras una demostración histórica en Pinehurst


REDACCIÓN / LA VOZ

Líder desde el primerísimo momento del US Open, Martin Kaymer no solo resistió a la pesada carga de lucir el liderato desde el instante inicial, sino que respondió mejor que ningún otro a la tensión del último día. Su cuarta vuelta en el campo número 2 de Pinehurst (Carolina del Norte) se convirtió en un paseo triunfal. Sólido con los hierros, tranquilo a la hora de tomar decisiones, preciso con el putter, no hubo un recurso que se le escapase al alemán en la jornada decisiva para acabar haciéndose con el título con una tarjeta de -1 ayer, para 271 (-9) en total. Venció con ocho golpes de margen sobre Erik Compton y Rickie Fowler, que compartieron la segunda plaza.

Kaymer había asombrado desde el principio en un campo muy exigente en donde solo tres jugadores terminaron por debajo del par.

Mejor tarjeta el jueves, resultado más bajo en toda la historia del torneo tras 36 hoyos y líder sólido tras la tercera jornada. El sábado supo enderezar situaciones delicadas, en el único instante cuando parecía que se abría la lucha por el segundo grand slam del año.

Kaymer, ganador del Campeonato de la PGA del 2010, abrió la jornada decisiva con un margen cómodo, pero que en un campo tan complicado no aseguraba el triunfo. Le seguían Rickie Fowler y Erik Compton a cinco golpes, Henrik Stenson y Dustin Johnson a seis, Brandt Snedeker a siete, y Matt Kuchar, Brooks Kopeka y Kevin Na a ocho. Pero ninguno de ellos contaba con un grande en su palmarés.

A cuatro golpes llegó a situarse Compton, pero el triunfo de Kaymer jamás se puso en verdadera discusión. Venció el alemán con ocho golpes de margen, un dato que solo lo superan otros tres triunfos en la historia del US Open, el de Tiger Woods por 15 en el 2000, el de Willie Smith por 11 en 1899 y el de James Barnes por 9 en 1921.

Desde hace años, el golf se metamorfosea desde su concepción inicial como un juego de habilidad hasta convertise en un deporte que prima a los atletas. Los profesionales se machacan en el gimnasio para lanzar la bola cada vez más lejos. En ese exigente mundo volvió a ser noticia esta semana Erik Compton, un jugador estadounidense de 34 años, profesional desde el 2001 y que se formó en la Universidad de Georgia. Hasta ahí todo normal, pero Compton compite además con su tercer corazón, una singularidad que añade un mérito especial a sus resultados.

Cuando tenía nueve años le diagnosticaron una cardiomiopatía. El músculo del corazón no podía bombear tan fuerte como debía. A los 12 ya se sometió a su primer trasplante. El segundo llegó con 28, ya profesional. Compton se involucró en reivindicar el uso de cochecitos en determinadas previas de torneos del PGA y el Nationwide Tour. Y en el 2009 recibió en Augusta el premio Ben Hogan, que cada año premia al golfista que permanece activo pese a un problema físico o una grave enfermedad.

Compton necesita antes de ocho años un nuevo trasplante. Pero el sistema estadounidense de salud solo garantiza los dos primeros. Aún sin triunfos en el PGA Tour, el jugador de Miami exprimió ayer sus oportunidades.

Después de ocho hoyos llegó a verse segundo, a tan solo cuatro golpes de Kaymer. Y no dejó de pelear hasta quedarse sin opciones. Finalizó segundo, a ocho impactos del ganador. Pero para muchos fue el otro vencedor moral.

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