Brasil 2014: España tira de orgullo para hacer terapia y reponerse ante Chile

Obsesionados con sacarse la espina de la humillante derrota ante Holanda y de mantener su reputación a los ojos del mundo, los jugadores españoles llevan días fortaleciendo su espíritu de grupo


Frente a las críticas y el desánimo, los jugadores de la selección española han reaccionado uniéndose en torno a un sentimiento común del que muy pocos pueden disfrutar: el orgullo de los campeones. Iker Casillas fue el primero en alentarlo. Lo hizo en el mismo vestuario del estadio Fonte Nova, en medio de un silencio que Vicente del Bosque calificó el sábado de «solemne», primero pidiendo perdón por los errores que había cometido durante el partido y después recordando a sus compañeros quiénes eran y lo que millones de personas esperaban de ellos.

Al día siguiente, todavía bajo los efectos de una resaca histórica, la franqueza de Sergio Ramos y luego el mensaje cabal del seleccionador hicieron el resto. Ya estaba puesta la primera piedra para que el equipo comenzara a rearmarse de moral tras la humillación sufrida.

La terapia del orgullo ha seguido aplicándose estos días y continuará hasta que los jugadores salten al campo en Maracaná a jugarse la vida contra Chile. «Lo que sucedió ante Holanda ha reforzado los lazos del grupo. A veces la adversidad tiene cosas positivas», comentaba este lunes a este periodista un miembro de la federación presente en Curitiba. Los propios jugadores lo han reconocido. «Me siento más orgulloso que nunca de pertenecer a este grupo. Hemos permanecido unidos en los momentos buenos y malos, creyendo en nuestra idea, creyendo en nuestro fútbol», aseguró Juan Mata en la sala de prensa.

Y no es que, antes del batacazo en Salvador de Bahía, la selección española fuera un equipo disgregado de estrellas egoístas, aunque es cierto que algunas relaciones en otro tiempo íntimas se han enfriado.

España estaba muy lejos de ser la Francia del Mundial de Corea y Japón, por decir algo. Ahora bien, probablemente sí que necesitaba un refuerzo de su mentalidad colectiva, una vuelta de tuerca más en su espíritu de grupo. Porque, se quiera o no, estos jugadores ya no son los mismos que hace cuatro años viajaron a Sudáfrica a comerse el mundo.

Hay otro aspecto que está teniendo mucha influencia a la hora de reactivar la confianza y afilar la mentalidad competitiva de la selección, a la que el domingo se incorporó Ángel María Villar. Nos referimos a la necesidad de mantener la reputación. Dicho así puede sonar un poco antiguo, propio de una época de duelos con padrinos al amanecer, pero se trata de un sentimiento todavía vigente. Y lo seguirá siendo mientras no desaparezca del todo un cierto sentido de la dignidad. Es muy sencillo.

Un equipo como la selección española, que ya está entre los más grandes de la historia del fútbol y tiene asegurada su eternidad en la memoria de todos los aficionados, no puede despedirse haciendo el ridículo. Los futbolistas han hablado mucho de esto durante las largas horas de concentración en las instalaciones Alfredo Gottardi de Curitiba. Hasta el punto de que podría decirse que se han impuesto una obligación inexcusable: la de que su caída, si finalmente tiene que producirse, tenga la grandeza debida, la que merece una selección que ha ganado un Mundial y dos Eurocopas, y desde luego la que merecen algunos futbolistas extraordinarios que en Brasil dirán adiós al equipo nacional.

«Están muy preocupados con esto, con dejar alto el pabellón, con no empañar la imagen que tienen en todo el mundo. Aunque han venido a ganar el Mundial, saben que no es lo mismo volver a casa habiendo vencido a Chile y a Australia, o cayendo con Brasil en octavos, que perdiendo también el segundo partido», aseguró este miembro de la RFEF.

La gran responsabilidad que ha tenido que asumir el equipo ha provocado un efecto inmediato, de fácil comprobación en los entrenamientos. El del domingo, por ejemplo, fue el más intenso con diferencia de todos los que ha realizado (al menos a puerta abierta) desde que la selección partió de Madrid el pasado 2 de junio.

En la sesión saltaron chispas

Todos los jugadores querían enviarle su mensaje particular al seleccionador. Los que jugaron frente a Holanda le dijeron que puede volver a confiar en ellos porque arden en deseos de sacarse la espina. Y los que no lo hicieron, que se merecen una oportunidad. No hace falta decir que el seleccionador, que continúa rumiando los cambios que introducirá el miércoles en el once, quedó muy satisfecho de la actitud de sus pupilos.

Otro tema de conversación entre los jugadores, que este lunes por la tarde viajaron a Río de Janeiro, es la manera de afrontar el choque contra Chile. Y cuando hablamos de maneras no nos referimos al estilo, que esta selección no negocia por mucha matraca en sentido contrario que den algunos oportunistas cuando vienen mal dadas. Nos referimos a los goles. Los jugadores han hecho todas las cuentas posibles. De hecho, comenzaron a hacerlas cuando estaban todavía groguis por el k.o. de Holanda, en el mismo autobús que les llevó al aeropuerto de Salvador de Bahía.

Y saben que la victoria puede no ser suficiente, que tal vez sea necesario ganar por varios goles, como si se tratara de remontar un resultado muy adverso en una eliminatoria. El seleccionador, sin embargo, opta por mantener la calma. Quiere que su equipo se reencuentre con su juego de una forma natural y tiene miedo de la precipitación, de que la ansiedad haga que sus jugadores quieran marcar el segundo gol antes que el primero. Del Bosque, por otro lado, tiene suficiente respeto a Chile, que con Sampaoli ha recuperado el espíritu indomable que tuvo con Bielsa, como para pensar en goleadas.

Firmaría con los ojos cerrados un 1-0. Sus jugadores son de la misma opinión. Pedro, de hecho, ni siquiera se refirió a esta posibilidad en su comparecencia de este lunes ante los medios. El canario prefirió hablar de una final que hay que ganar.

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