«Sueño con lo que todavía no pude conseguir»


Para saber cómo afronta Messi la cita de Brasil no hay más que recordar una reflexión del propio Messi en 2012, en plena fase de clasificación, antes de un partido frente a Uruguay: «Sueño con lo que todavía no pude conseguir, ganar con la selección un Mundial. Gané todo a nivel de equipo e individual, y es lo que me falta».

Resulta curioso revisar su trayectoria azulgrana y albiceleste y ver que cuándo le ha ido redondo en un lado no lo ha pasado bien en el otro. Y viceversa. Desde que llegase con doce años a La Masía, el club supo modelar y mimar su gran diamante. Rijkaard le dio la alternativa en la primera plantilla, sin apurarlo, sin quemarlo. Y Guardiola entendió cómo sacarle todo el jugo que lleva dentro. En esa época, en Argentina le reprochaban que no alcanzase nunca tal nivel de protagonismo y rendimiento con el combinado nacional.

Este curso, sin embargo, ha sucedido lo contrario. El Barça se fue diluyendo gota a gota y Messi no se mostró como el jugador desequilibrante de temporadas anteriores. Pero a la par fue ganando crédito y afecto en la selección.

Así encara el Mundial, y con mejor rodaje que nunca, porque estuvo dos meses parado por lesión en mitad de la temporada. Ese paréntesis le sirvió para resetear, física y mentalmente, y para llegar a Brasil sin haberle dado la vuelta al cuentakilómetros.

Messi persigue un sueño, quizás una obsesión, porque sabe que le falta una muesca para pasar a la historia entre los más grandes. Es la diferencia entre la alta consideración y la consideración absoluta.

Está ante su gran oportunidad, aunque con 26 años todavía le quedarán otras por delante. Pero esta es especial. Se le ve fino y muy bien rodeado, sobre todo de medio campo hacia delante.

Quizás la clave la diese en su día Darío Rubén Oliva, médico de la selección Argentina, cuando el preparador físico, Fernando Signorini, le preguntó cómo tenía que entrenar a Maradona. El galeno respondió empezando con con una interrogante: «¿Vos alguna vez viste entrenar a un gato? Pues Maradona es como un gato. Con que se alimente y descanse le alcanza para ser el mejor». En el fútbol de élite, con eso solo no basta, pero tiene lo más importante: un talento natural descomunal. Scolari, en Brasil, ha llegado a una conclusión parecida con Neymar.

Marcelo Bielsa, que no es en absoluto sospechoso de regalar los halagos ni de modular su discurso en función de la audiencia y las circunstancias, lo retrató en grado superlativo: «Messi es incomparable, desde donde uno lo observe, produce asombro en todo lo que hace». Solo le falta la cima mundial para el Grand Slam.

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