Chile pasa un mal trago ante Australia

Australia se repone a dos goles y roza el empate ante los sudamericanos


La Voz / redacción

Cualquier plan de Jorge Sampaoli para este partido quedó desbaratado minutos antes de comenzar. Conforme España se desmoronaba, al mismo tiempo que en su estreno en Brasil iba recibiendo una goleada inimaginable, el técnico argentino armaba un nuevo andamio para su primer examen en el Mundial. Al principio, sabía que la goleada a Australia era importante, después del descalabro de la campeona en Sudáfrica, pasó a convertirse en una oportunidad irrepetible, en una cuestión de estado. Con un buen puñado de goles en el zurrón, incluso podría permitirse perder ante la selección de Del Bosque y confiar en que Holanda, con el primer puesto prácticamente asegurado, levantase el pie durante el último envite de esta fase de grupos.

Por eso Chile arrancó con el pedal a fondo. Lanzado por Alexis y Vargas desde los costados y articulado por la movilidad de Valdivia que se asociaba desde el medio. En cada arreón de los sudamericanos, Australia pegaba un pasito hacia atrás, se agrupaba cada vez más cerca del área propia. Cahill, el veterano delantero de los oceánicos, una isla en el frente de ataque, apenas atravesaba el centro del campo. Y el primer tanto llegó pronto. Con semejante acumulación de hombres, apareció de la única manera posible: por empuje. Una rebumbio en las inmediaciones de Ryan terminó en los pies del extremo del Barcelona que lo ubicó en la red con solvencia.

Tan solo dos minutos más tarde, Alexis encontró una nueva vía de agua en la nutrida retaguardia australiana, que aún tiritaba después de haber desafinado solo un instante antes. Su envío lo recepcionó Valdivia que remató impecable para poner tierra de por medio. Un cuarto de hora y todo funcionaba para Sampaoli a pedir de boca. Todavía quedaba un mundo para desangrar a la cenicienta del grupo.

Una desconexión impensable

Sin embargo, las buenas noticias en el electrónico no se transformaron en un previsible sosiego a ras de hierba. Y Chile se desbarató. Comenzó a atacar sin precisión, demasiado alborotada. Como si el acicate de los dos goles hubiese emborrachado al equipo. Y Australia, que necesitaba muy poco para avisar a Bravo, entendió que podía crecer. La receta era simple. Morder a la espalda de los laterales, gracias a la velocidad de Oar y Leckie, que desde la banda solo debían poner el balón en el punto de penalti para que Cahill exhibiese todo su poderío en el juego aéreo. Dicho y hecho, el primer centro decente lo enterró el nueve elevándose sobre la cabeza de Medel.

El contratiempo cortocircuitó definitivamente a los de Sampaoli, que no se repusieron ni tras el descanso. Al salir de la caseta, Chile era un mar de dudas. Mientras, su oponente no paraba de alimentar la fe. Ya no parecía un juguete roto. Otro esfuerzo más y tocarían la proeza. Cahill convirtió un remate más, pero en fuera de juego. Y Bresciano soltó un latigazo pegado al palo para que se luciese Bravo. Fue en el último suspiro, con Australia volcada a por el empate, ya casi sin aliento, cuando Chile acabó con el mal trago. Maquilló un resultado que, de todos modos, permite respirar a España.

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