Iván Raña: «Gracias al deporte soy capaz de sobrevivir en cualquier sitio»

Recién cumplidos los 35, el ordense repasa su trayectoria y los retos de futuro


Redacción / La Voz

Hay pocas cosas que logren borrar la perenne sonrisa de Iván Raña (Ordes, 1979), que ayer cumplía 35 años de la mejor forma posible: saliendo a rodar sobre la bicicleta en una mañana clara y templada. Allí, encima del sillín, se sintió de nuevo un privilegiado, porque es consciente de que trabaja a diario en lo que realmente le apasiona: el deporte. «Debemos ser optimistas, tratar, aunque nos cueste, de sacar el lado positivo de las cosas». Es una de las lecciones más valiosas que le ha dejado una trayectoria plagada de éxitos, entre los que se incluye el campeonato del mundo del 2002. Pero Raña no solo mira hacia atrás, siempre encuentra un desafío con el que seguir avivando la llama de su ilusión.

-¿Se ha parado a pensar esta mañana [por ayer] en todo lo que ha recorrido hasta aquí?

-Sí, pero si soy sincero me puse a recordarlo porque antes que usted me llamó otro periodista para hacerme una entrevista y me hizo esta misma pregunta... porque yo solo estaba pensando en salir a rodar... [Realiza una pequeña pausa] Hoy [por ayer] hace una mañana increíble, de esas en la que te sientes afortunado de que te pueda dar el aire en la cara.

-Entiendo que va a ser complicado ser original. Lo intento con la segunda. ¿Qué o quién consiguió alegrarle la cara?

-Hace un rato, cuando fui a tomar el café, la chica que me lo preparó lo decoró con una dedicatoria y cuando me lo dejó en la mesa, se puso a sonreír. Esa es la clase de detalles que parecen insignificantes, pero que nos hacen la vida más fácil y agradable. Nos deberían educar para esto. Sé que a veces no es todo de color de rosa, pero tendríamos que esforzarnos. Es saludable.

-¿Con qué se queda de más de 20 años dedicado al deporte?

-Pues con que me ha dado la posibilidad de viajar, de estar un día en Malpica y al siguiente en Nueva York. De conocer cómo viven en otros lugares, de experimentar con otras culturas, de hacer muchos amigos. A mí, que con 15 años era un chico de pueblo bastante cerrado, me abrió la mente por completo. Ahora, soy capaz de sobrevivir en cualquier lado y sentirme como en casa en Japón o Australia. Tal vez, ese sea el legado más maravilloso que el deporte me haya hecho.

-¿Y se imaginaba cuando empezó que un día llegaría a ser campeón del mundo?

-Mentiría si dijese que no. Mi entrenador entonces, César Varela, al que le debo mucho, y yo nos habíamos marcado ese objetivo. Era ambicioso, muy ambicioso para alguien que apenas disponía de medios para entrenarse y que no tenía apenas ayudas. Pero nos empeñamos en perseguir un sueño y al final lo alcanzamos.

-¿Cómo se sintió aquel día?

-Imagínese... me sentí el amo del mundo, capaz de hacer cualquier cosa que me propusiese... Era el resultado de haber luchado a muerte por una meta. Animo a todo el mundo a que crea en que también puede atravesar la suya.

-¿Cuál ha sido el peor error de su carrera?

-Habría salido antes de casa. Quedarse en un lugar mucho tiempo no es bueno. Acabas alimentándote de lo mismo y, como decía antes, no ves lo que ocurre por otros lados. Hace 20 o 25 años, por ejemplo, en Ordes aquello que parecía diferente se convertía en un escándalo.

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