El Obradoiro cultiva su esencia

El equipo se encontró cada día en el vestuario con citas de aficionados y jugadores sobre un montaje gráfico con el lema "este partido lo vamos a ganar"


SANTIAGO / LA VOZ

El Obradoiro encadena tres temporadas consecutivas en la ACB, cada una con sus singularidades, sus alegrías y sus sustos, pero todas ellas con un hilo conductor que más que un hilo es un cimiento de acero: la comunión entre el equipo y la grada.

En el último lustro, el club tuvo que reinventarse en un verano para entrar en la ACB, descendió a la LEB, al primer intento resucitó de entre los aspirantes a la élite y subió a la Liga Endesa, y desde entonces rema a brazo partido para no perder ese blasón que lo identifica entre los dieciocho escogidos de una Liga de alto rango.

Nadie la he regalado nada. Y en la cadena genética del obradoirismo encaja como un guante el lema que eligió la NASA para las misiones del Apolo a la luna: ad astra per aspera, hacia las estrellas por el camino más difícil. Ese obradoirismo es el que sabe sufrir cuando vienen mal dadas y disfrutar de las oportunidades que aparecen en el trayecto, sin supeditarlo todo a la meta.

Todo eso lo conocen de primera mano los integrantes del cuadro técnico y, desde que el equipo volvió a la ACB, se preocupan cada año de idear alguna fórmula para hacer ver a los jugadores, sobre todo a los nuevos, que el Obradoiro es mucho más que las canastas que anota en cada partido y el balance de victorias y derrotas, más que lo que sucede durante los cuarenta minutos en la cancha, más que sus actores de pista. Es una manera de entender el baloncesto, un sumatorio de voluntades.

Tres años y tres historias

Desde hace tres años, cada vez que entran al vestuario se encuentran en una de las paredes un referente visual que les recuerda que están en un destino distinto a cualquier otro.

El curso posterior al ascenso fue una gran foto informal, de todo el grupo, con la leyenda: «¡Vamos a hacer historia! y un texto: «Los abajo firmantes se comprometen a dar lo mejor de si mismos para la consecución de ese maravilloso objetivo». Todos estamparon su rúbrica, y cumplieron.

La pasada campaña cambió el lema: «Si lo crees, hazlo». La fotografía dio paso a un collage en el que cada jugador se encontró con una cita suya en un bocadillo, algún comentario hecho en algún momento sobre sus expectativas, sobre los hinchas, sobre su percepción del Obradoiro...

Aquella temporada acabó con el equipo por vez primera en el play off. Y los seguidores se llevaron el título de mejor afición de la Liga Endesa.

Para la singladura que concluyó el sábado, el reto volvió a ser el de la permanencia, con un presupuesto todavía más bajo. Y el montaje de fotos y citas del año anterior dio paso a un gran graffiti con un eslogan: «Este partido lo vamos a ganar». Junto a un marcador, a un lado figuran todos los nombres de los jugadores, a los que se fueron sumando los nuevos. Al otro lado, un equipo integrado por una representación de las peñas, los abonados, el personal del Multiusos, el socio número uno, ex jugadores... Todo el universo que, de una manera u otra, da forma al obradoirismo.

Con convicción

El vestuario también aportó su impronta a esa colección de reflexiones con rúbrica. Y ver cada día los mismos mensajes, desde diferentes frentes, apuntando en una sola dirección es un ejercicio que refuerzas las convicciones.

Después de hacer historia en el curso 11/12 y de creer y hacer en el 12/13, en el 13/14 el Obradoiro volvió a cumplir con su plan de ruta. Ganó el partido de la permanencia en la Liga Endesa. El 14/15 está a la vuelta de la esquina.

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