Gómez Noya, intratable, consigue en Japón su tercera victoria consecutiva

El gallego logra en Yokohama su tercera victoria consecutiva de la temporada y afianza su liderato en el Mundial


Redacción / La Voz

El ferrolano Javier Gómez Noya ha logrado esta mañana su tercera victoria consecutiva en las Series Mundiales de triatlón. En la prueba disputada en Yokohama (Japón), el vigente campeón del mundo ha derrotado en un apretadísimo esprint al mallorquín Mario Mola. La tercera plaza del podio ha sido para el sudafricano Richard Murray, quien se encargó de dinamitar la carrera en el último 10.000, donde tanto Alistair como Jonathan Brownlee no fueron capaces de seguir el ritmo de los tres primeros y acabaron en la cuarta y quinta posición respectivamente. Con este nuevo triunfo Gómez Noya solidifica su liderato en la clasificación general y, pese a que aún queda mucha temporada por delante, tiene cada vez más cerca la posibilidad de revalidar el título que conquistó el año pasado en Londres.

La ausencia de Richard Varga, el hombre que se encarga de abrir diferencias en los 1.500 metros a nada generaba la incertidumbre de saber si habría alguien dispuesto a recoger su testigo. Pronto, en las primeras brazadas, quedó patente que el sudafricano Henri Schoeman, compañero de entrenamientos del triatleta gallego, asumiría ese reto. Detrás de él, Gómez Noya y los hermanos Brownlee siempre bien situados en cabeza. La marcheta impuesta por Schoeman era un punto menos exigente que la de Varga y, por eso, costó que el grupo se desgajase. Pero sí era lo suficientemente intensa como para que hombres débiles en este segmento como Mola o Murray pasasen un mal trago.

 De hecho, al terminar la primera transición, con los pies ya sobre los pedales, se formó un corte de aproximadamente 15 unidades en el que se encontraban Alistair (que regresaba a las Series Mundiales después de haberse dedicado al atletismo en este arranque de año), Jonathan Brownlee y Gómez Noya, entre los candidatos a finalizar en la primera posición en la línea de meta. Llegaron a disponer de 40 segundos de margen sobre sus perseguidores, donde viajaban Mario Mola y Richard Murray. Pero el circuito de Yokohama, plano y muy técnico, con poco sitio para que un pelotón pudiese rodar a gusto, se convirtió en el escenario perfecto para una exhibición del neozelandés Tom Davison. Se puso al frente del segundo grupo y con su potencia y habilidad en apenas dos vueltas ya había echado el guante a los fugados. Con todos los grandes favoritos juntos (era la primera vez que sucedía en mucho tiempo), la velocidad disminuyó y aunque hubo algún intento de avivar la marcha, la mayoría empezaba a guardar fuerzas para un desenlace apasionante. 10.000 metros a pie con los mejores corredores frente a frente.

 El arranque del trecho decisivo fue como se suponía. Alistair, que había estado preparando esta parte a conciencia, salió a bloque. Gómez Noya se soldó a su espalda, y a la suya, Jonathan Brownlee. Un poco más atrás, Murray y Mola pasaban apuros para contener este apretón inicial. Sin embargo, en cuanto fueron cayendo los metros, Alistair aflojó. Murray y Mola alcanzaron a los tres primeros y en ese instante el sudafricano soltó un latigazo que Jonathan ya no pudo aguantar. El guion no semejaba a nada de lo que se había visto en el pasado. Ni siquiera Alistair se dejaba ver delante. Pero esto era solo el principio.

 Cuando ya habían completado cuatro kilómetros de carrera a pie, Murray cambió de nuevo, aceleró para probar fuerzas. Se sentía pletórico. Alistair cedió y Gómez Noya y Mario Mola se engancharon por un pelo. Pronto el hueco con respecto a los Brownlee se agigantó. El podio era cosa de los tres que marcaban el paso. Después de una tregua, que se prolongó hasta el comienzo de la última vuelta, a dos kilómetros de la llegada, el gallego realizó su apuesta. Animó las zancadas y Murray, incombustible hasta ese punto, hincó la rodilla. Gómez Noya y Mola ya estaban solos.

 La calma que siguió al ataque del tricampeón del mundo duró unos segundos. Los que aprovechó Mola para coger aire y dar otra vuelta de rosca al ritmo endemoniado en el que se habían instalado. El ferrolano no dio su brazo a torcer. Perseverante como ha sido durante toda su carrera, aplacó el movimiento de su rival. La gloria iba a disputarse al esprint, una tipo de desenlace donde casi nunca Gómez Noya partía con ventaja. Sin embargo, tal y como ocurriera en Londres el año pasado cuando se jugaba el mundial con Jonathan Brownlee, demostró que en el triatlón ya no hay rincón que le quede por descubrir. Empujó, empujó y, por un palmo, cruzó la cinta con los dos brazos en alto. El número uno demostraba que está intratable.

Por su parte, el talaverano que entrena en Pontevedra, Fernando Alarza finalizó en una meritoria séptima posición a 1.14 del ganador.

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