Vigo corona el Atlas marroquí

Una expedición con 17 vigueses corona el monte Toubkal


vigo / la voz

La Federación Gallega de Montañismo organizó durante la Semana Santa una expedición al Alto Atlas marroquí. Es algo que llevan haciendo, aunque de forma interrumpida, desde los años 80.

En esta ocasión, fueron 32 montañeros, 17 de ellos vigueses, los que emprendieron la aventura. Y todos consiguieron terminarla, algo inaudito en las experiencias anteriores. «Fuimos menos que en otras ocasiones y, sin embargo, nunca habíamos conseguido una proporción tan alta de montañeros que lograran subir», explica uno de los participantes y vocal de la federación, Manuel Domínguez.

Atribuyen este éxito, por una parte «al buen tiempo que hizo, sin nieve en exceso, porque lo contrario perjudica mucho y resulta determinante». Y, por otra, a que «la zona ha cambiado mucho desde la última vez que habíamos ido, en el 2009, hay muchas más comodidades, servicio de ayuda, literas, chimeneas... Antes esas carencias producían mucho más desgaste».

«Lo más duro fue el viaje»

El grupo partió de Vigo y se fueron incorporando otros gallegos residentes en diferentes puntos de España. En Algeciras cogieron el ferri y luego el tren hasta Marrakech. «Casi diría que todo ese viaje tan largo fue lo más duro», comenta Domínguez de una aventura que transcurrió sin más problemas que un pequeño esguince sufrido por uno de los participantes. «Fue durante el descenso y tuvimos que hacerle bajar sentado en una mula, que es como trasladábamos nuestras cosas», cuenta.

Establecieron su base en el Refugio Alpino Francés y, dese allí, subieron a las cumbres Toubkal -techo del Atlas-, Toukbal Oeste (4.030 metros) y Aquelzim (3.650 metros). Se libraron en todos estos ascenso del mal de altura -«es cuestión de lograr una buena aclimatación»-, pero no de los nervios de los novatos. «Buena parte de los compañeros ascendían un 4.000 por primera vez y siempre hay dudas. Que qué llevo y qué no, que si estaré preparado, cómo responderá mi cuerpo... Es normal, porque además a 3.000 metros de altura el aire escasea. Todo eso genera incertidumbre», destaca. Para combatir cualquier imprevisto, cuatro de los alpinistas pertenecían a la organización.

Las edades de los montañeros participantes estaban comprendidas entre los 20 y los 60 años. Las mayores dificultades, dice Domínguez, fueron para los jóvenes. «Los veteranos tienen más experiencia, que aquí es lo que cuenta. Va con el entrenamiento, la preparación. Los jóvenes a veces tienen más energía de entrada, pero luego les falta fondo». Realizaron las ascensiones en tiempos comprendidos entre las tres y las cuatro horas y cuarto.

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