Tito Vilanova, un «jugón» enamorado de Vigo

El extécnico azulgrana defendió la camiseta del Celta tres temporadas a principios de los 90


Vigo / La Voz

Tres temporadas, 29 partidos, 1 gol ... En lo deportivo, quizás Tito Vilanova llegó al Celta equivocado. «Aquel Celta era de otro tipo de jugador, era un equipo muy correoso, y el era más del perfil Barça, un jugador técnicamente muy bueno pero el Celta de aquella época lo que más necesitaba era agresividad y brega», recordaba hace un año Jorge Otero, con el que compartió vestuario y entabló una buena amistad. «Tuvimos una relación muy cercana, era muy buen tipo, una persona magnífica», añadía. «Eramos un equipo muy físico, competitivo, que presionaba bastante y el no desentonaba porque los que saben jugar al fútbol no desentonan nunca», matizaba Mosquera, otro de sus coetáneos en la caseta.

Pese a todo, Vilanova se adaptó bien tanto al equipo como a la ciudad. «Estaba encantado en Vigo con su mujer. Le gustaba mucho y no tenía ningún problema de adaptación, pero como las oportunidades que tuvo no fueron muchas al final decidió marcharse», indicaba Otero.

Porque su protagonismo fue menguando de un modo paulatino. La primera de las tres temporadas fue el mejor año del catalán vestido de celeste. Jugó 19 partidos de Liga y dos de Copa. Después, ocho partidos más en dos cursos.

Entonces nada hacía presagiar que acabase siendo carne de banquillo, aunque el fútbol ya era su auténtica pasión. «A él le gustaba el fútbol, que es lo primordial para después poder continuar la vida deportiva como un entrenador. También la personalidad que tiene», apuntaba Mosquera, menos sorprendido que Otero: «Hay otros futbolistas que durante los entrenamientos y los partidos le ves esas maneras de entrenador, pero a mí no me daba la sensación de que fuera ese su camino, aunque hablaba mucho de fútbol. La verdad es que me sorprendió un poco».

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