El regreso de Noya a su paraíso

Acumula más de un mes de concentración en la isla Sur de Nueva Zelanda, donde su sorprendente título Mundial sub-23 lo transformó hace 11 años

Noya
A. Bruquetas
Redacción / La Voz

Sentado en las montañas donde se rodó El Señor de los Anillos, Javi Gómez Noya se imaginó una mañana del 2003 entre los mejores triatletas del planeta. Al día siguiente del triunfo que impulsó su carrera, el título Mundial sub-23, saboreaba unas pizzas junto a Iván Raña, al que no había sabido si felicitar o consolar cuando lo vio aparecer por su habitación con la plata de la prueba absoluta de Queenstown. Uno era el mañana y otro el presente del triatlón. Dejaron atrás aquel paraíso y no volvieron jamás. Hasta que hace un mes el ferrolano, hoy el más laureado triatleta en activo, montó allí, en la isla Sur de Nueva Zelanda, la concentración decisiva de su temporada 2014.

Gómez Noya eligió Wanaka, muy cerca de Queenstown, para establecerse junto a su entrenador, Carlos Prieto, y sus compañeros de grupeta. Un referente como Kris Gemmell le recomendó la zona del lago Wanaka como un sitio idílico para ganar la forma apartado del mundo.

«El lugar está muy próximo al que visité con Iván en el 2003. Solo en una ocasión había ido a Christchurch, 400 kilómetros al norte. En Queenstown logré en el 2003 la victoria más importante de mi carrera hasta aquel momento y marcó un punto de inflexión», razona el tricampeón del Mundo. «Me gustaría llegar bien a Auckland [el próximo 6 de abril], en un estado de forma parecido al del año pasado, cuando gané sin estar los hermanos Alistair y Jonathan Brownlee. Esta temporada es fundamental ser consistente para elegir los cinco mejores resultados de las siete carreras previas a la final de Édmonton», explica Gómez Noya, que disfruta de temperaturas más suaves para entrenar que otras temporadas durante sus concentraciones de esta época del año en Australia.

Comparte casa con su grupeta, en la que figura el también gallego Pablo Dapena y el triatleta formado en Pontevedra Jesús Gomar. Pueden rodar en solitario por el entorno del lago y las montañas que lo rodean, bañarse casi en soledad y hasta correr por una pista de césped ideal para proteger las articulaciones. De fondo, estampas de postal, unas veces montañas nevadas, y otras enclaves idílicos. Un paraíso, su paraíso, adonde llegó en el 2003 sin apenas entrenar y de donde salió convertido en el gran fenómeno sobre la línea del horizonte. En Nueva Zelanda disputó la primera competición como miembro del equipo nacional en año y medio. Hasta unas semanas antes no se había sentido libre para poder competir a nivel internacional, vetado por la Federación Española de Triatlón para las grandes citas por una anomalía cardíaca. Dejó la isla tras compartir unas pizzas con Iván Raña y el paratriatleta Santos Caballero. El futuro ya era suyo.

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