Descubrir lo que el ojo no ve

El alto rendimiento recurre a la biomecánica para pulir defectos imperceptibles


redacción / La Voz

Nadie ha sido ajeno a las revoluciones que se han vivido en las distintas ramas de la ciencia durante el último medio siglo. El desarrollo tecnológico ha habilitado herramientas y métodos cada vez más precisos para satisfacer la obsesión de los especialistas de lo empírico: medir todo al detalle. En este sentido los estudios biomecánicos son la última expresión de esta evolución en el mundo del deporte. Se han convertido en el instrumento que posibilita conocer desde el gesto más eficiente para golpear un balón, para desmontar el cronómetro en el agua de una piscina o sobre el tartán de un estadio; hasta la mejor fórmula para evitar lesiones a lo largo de una temporada. El alto rendimiento ya no se entiende sin recurrir a esta área del conocimiento.

«El ojo humano no es capaz de apreciar todo lo que ocurre cuando, por ejemplo, un atleta se pone a correr», explica el podólogo deportivo y especialista en biomecánica, Manuel Mosqueira, quien agrega: «Los principales estudios que realizamos tienen que ver con la cinemática -con todas las leyes que influyen en el movimiento-; y con la cinética -con las fuerzas que lo provocan o lo alteran- y que captamos a través de avanzados dispositivos». Debido a la complejidad de estos trabajos, en ellos intervienen expertos en campos tan diversos como la Medicina, la Física o la Ingeniería.

«El análisis y estudio de la pisada caminando y corriendo de un atleta -cita Mosqueira como prototipo de sus estudios- se realiza gracias a aparatos que miden la presión de la planta del pie; a la grabación con cámaras de alta definición y a su registro mediante programas informáticos». «Después de la interpretación de los datos obtenidos, se pueden determinar las diferentes fases de pisada, carrera o gesto deportivo y asesorar al deportista sobre los cambios que le ayudarán a mejorar su calidad de vida, el rendimiento y reducir la posibilidad de lesiones», agrega el podólogo. «Para ello -concluye- es importante contar con un equipo interdisciplinar que trabajen codo con codo con el médico deportivo, el fisioterapeuta o el preparador físico».

Como resultado de todo el proceso, un atleta puede elevar o bajar la altura del drop -la diferencia de grosor entre la zona del talón y la del antepié y los dedos- de sus zapatillas para evitar una tendinitis recurrente o un jugador de fútbol se ve obligado a añadir un taco extra a la bota para que no se le reproduzca una fractura por estrés en el dedo meñique de su pie, que soportaba cargas inusuales con respecto a otras partes de la planta del jugador.

«Este último caso es muy clarificador de lo que podemos llegar a hacer -destaca-. El deportista lesionado se pone en nuestras manos. Analizamos su pisada con la bota de fútbol y comprobamos en las gráficas del ordenador que en la parte donde se produjo la fractura inciden fuerzas elevadas. Desde el mismo programa -continúa- hacemos pruebas para ver dónde sería el mejor lugar para rebajar esa presión adicional mediante un taco suplementario. Y finalmente lo instalamos y comprobamos en las gráficas que ya se ha estabilizado la pisada».

Útil para casi todos los deportes

Pero no solo en el atletismo o en el fútbol se utilizan los estudios biomecánicos. «La Federación Española de Natación desplaza a uno o dos especialistas a cada concentración para evaluar los gestos de los nadadores», recalca el entrenador del Centro Galego de Tecnificación Deportiva Fernando Zarzosa. Y Javier Gómez Noya e Iván Raña han recurrido a este tipo de pruebas analíticas para pulir su destreza sobre la bicicleta.

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