El Madrid se impone al CAI y accede a la final de la Copa del Rey

Los blancos pasan a la final tras apabullar al CAI en la primera parte con las mismas poderosas armas que en cuartos. Los aragoneses aguantaron hasta que Sergio Rodríguez apareció para desatar la ofensiva blanca


Era el choque entre la obligación y la diversión. El deber del Real Madrid de alcanzar la final en una Copa del Rey a la que acudía como máximo favorito y el placer del CAI Zaragoza ante una oportunidad histórica pero sin responsabilidad alguna, tras superar la primera ronda y dejar en la cuneta al anfitrión Unicaja. Los de José Luis Abós partían con la única intención de disfrutar en el empeño de hacer posible lo que la mayoría consideraba imposible y convertirse en el primer equipo de la ACB capaz de doblegar a Pablo Laso y sus huestes. De haberlo logrado, los nombres de Giorgi Shermadini, Viktor Sanikidze, Damjan Rudez o Michael Roll se hubieran sumado a la lista de ilustres del basket zaragozano junto a mitos como Mark Davis, Leon Word, Kevin Magee o los hermanos Arcega, a aquellos que alzaron las copas de 1984 y 1990 y que pelearon por ella en 1995. No pudo ser. El Madrid está en un momento dulce y, cuando empieza su partido, ni siquiera da la opción de soñar. Y eso que el CAI entró muy centrado al encuentro, aprovechando su poder interior con Shermadini, con Rudez jugando en el poste bajo y con el trabajo continuo de Sanikidze.

Lo que viene siendo su estilo habitual. Mientras, el rival sumaba en sus ataques rápidos pero se atoraba en el juego estático ante la ordenada defensa aragonesa, que llegó a dejar casi cuatro minutos sin anotar a los blancos. El cuadro merengue se mantenía al mando a base de tiros libres y de un Rudy Fernández disfrazado de jugador más valioso (MVP) de la Copa. Este Madrid sabe jugar a más cosas que a correr y cuenta con la paciencia suficiente para esperar su momento. No tardó en llegar. Bastó con que apareciera Sergio Rodríguez -13 puntos y 11 asistencias- y el líder de la ACB se disparó en el marcador. Con el balón en manos del Chacho siempre pasa algo y casi siempre positivo para los suyos. Hasta ha conseguido que con él en la cancha se active la defensa. Motiva de adelante hacia atrás. Sus compañeros saben que si se aplican en su campo, con el 13 al mando todos van a disfrutar en el terreno ajeno. Mientras el CAI se atascaba, los merengues crecían de manera irrefrenable hasta doblar a los rojos en el marcador antes del descanso (48-24).

Un calco

Sólo Shermadini -15 puntos y 7 rebotes en la primera mitad- daba réplica a la avalancha blanca. El georgiano es un jugador que entre canasta y canasta parece querer pasar desapercibido pese a su enorme corpachón.

Hasta que salta a la pista, camina pidiendo permiso, sin intención alguna de molestar. Transita entre la gente encogido de hombros, como si así pudiera esconder sus 2,16 metros, sin llamar la atención. Pero en la cancha, cerca del aro, se hace grande, poderoso, contundente.

El georgiano era la principal amenaza maña. Pablo Laso lo tenía muy claro, pero decidió dar continuidad a la táctica que tan buen resultado le dio en los cuartos ante el Gran Canaria. Con los isleños, se esmeró en presionar y complicar la existencia a los exteriores del rival, a costa de permitir el lucimiento personal del inacabable Tavares. Las recuperaciones gracias a la asfixiante defensa permitieron transiciones rápidas, canastas fáciles y un buen tono ofensivo que encarriló el choque en un primer tiempo magnífico.

Ante el CAI se calcó el guión de la eliminatoria anterior. Para qué cambiar la historia cuando el final es plenamente satisfactorio. Si acaso, mejorarlo. Y así lo hizo. La segunda mitad fue un suma y sigue. Nada pudo hacer ya el abatido pero digno rival maño. Ni la constancia de Shermadini, ni el orgullo croata de Rudez ni la bendita locura de Sanikidze lograron cerrar el choque con un resultado final medianamente estético (98-66, la máxima ventaja del encuentro). El otro georgiano del CAI pone ese punto de genio, de magia, de sorpresa en el equipo de Abós. Tiene una pinta más cercana a la de un científico al borde de la chaladura y metido en complejas ecuaciones y pensamientos profundos que a la de un jugador de élite. Sin embargo, es capaz de barrer rebotes bajo el aro pese a su aparentemente frágil constitución y poco después desconcertar a su oponente con un tiro lejano o con una osada y violenta penetración a canasta. Por su forma lúdica pero comprometida de entender el juego encajaría perfectamente dentro de las filas blancas.

La Barba maña disfrutaría como un niño enrolado en el Madrid, un equipo ejemplar en la entrega, brillante en la ofensiva y de comportamiento intachable en la victoria. Un grupo que deslumbra y asusta a la vez mientras aumenta su categoría de máximo favorito al título.

REAL MADRID: Llull (12), Darden (-), Rudy Fernández (16), Mirotic (15) y Bourousis (4) --quinteto inicial--; Sergio Rodríguez (13), Carroll (12), Draper (7), Reyes (11), Mejri (2), Slaughter (6) y Díez (-).

CAI ZARAGOZA: Llompart (4), Roll (4), Rudez (11), Sanikidze (7) y Shermadini (19) --quinteto inicial--; Jones (6), Stefansson (7), Tomás (4), Tabu (-), Fontet (4) y García (-).

PARCIALES: 22-15, 32-22, 23-13 y 21-16.

ÁRBITROS: Hierrezuelo, Pérez Pérez, Cortés. Sin eliminados.

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