Cada minuto sin pedir responsabilidades es un desprecio al Deportivo


En los últimos días retumba en la ciudad la palabra liquidación. Difícilmente queda alguien en A Coruña al que no le hayan contado que el Deportivo, aplastado por una descomunal deuda, está en serio peligro de desaparición. Sin embargo, aún son muchos los que todavía se acogen al manido «malo será» para seguir como si tal cosa. Lendoiro ha metido al club en un lío enorme, intentado que la pelota de la destrucción del Deportivo esté en el tejado de Hacienda. «Malo será» que se atrevan a liquidar a un club con tantos miles de aficionados. Lendoiro, de forma temeraria, ha desafiado al Estado y pretende obligarle a que salve al club con un trato que la Agencia Tributaria no suele dispensar al común de los contribuyentes.

Las palabras del administrador concursal confirman lo que este periódico ha venido advirtiendo desde tiempo, que hay una deuda enorme y que será muy difícil salir de esta situación incluso aunque Lendoiro haya anunciado su marcha. En este contexto resulta doblemente descorazonador que haya habido quien, con mando en plaza, ha permitido al todavía presidente llevar el club al borde de la desaparición. Cada minuto que pasa sin que se pidan responsabilidades a Lendoiro es un desprecio al Deportivo.

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