Mundial 2014: El partido que ya perdió Brasil

El país invirtió más de 13.000 millones de dólares pero los accidentes, la inseguridad, la violencia y los retrasos dañan la imagen de Brasil


La Voz / Redacción

Inseguridad ciudadana, violencia dentro y fuera de los estadios, accidentes en las obras, retrasos en las infraestructuras, denuncias de corrupción, protestas... El Mundial de Brasil empieza el 12 de junio, pero aumenta la sensación de que el país ya perdió el primer partido, el de la imagen. Porque la celebración del campeonato entraña un gasto de más de 17.000 millones de dólares, destinado tanto a modernizar el país como a relanzar su imagen exterior.

El último problema para la organización llegó por la violencia en un partido entre el Atlético Paranaense y el Vasco de Gama. No fue una anécdota. Según el diario Lance!, desde 1988 murieron 234 personas -30 este año- en incidentes relacionados con el fútbol. Fuera de los estadios la inseguridad es un mal crónico del país, que también afecta a las sedes de los primeros partidos de España: en Salvador de Bahía, donde jugará contra Holanda, el número de homicidios aumentó en más de 200 % en 10 años; en Curitiba, donde se medirá con Australia, crecieron casi 84 %, y en Río de Janeiro donde retará a Chile, se registran 1.500 al año pese al reciente descenso en las cifras.

Brasil afrontó el mayor gasto en estadios jamás visto, superior al de las dos últimas citas de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. El ejecutivo federal admitió una inversión total de hasta 13.630 millones de dólares, más 3.640 de los gobiernos regionales y el sector privado. Pero seis estadios no estarán listos hasta el 2014 incumpliendo el ultimátum de la FIFA. «En el 100 % de las bodas, la novia llega tarde, y esto no significa que la boda no vaya a celebrarse», considera el ministro de Deportes, Aldo Rebelo.

El último accidente mató a dos operarios en Manaos, días después de que en São Paulo muriesen otros dos al desplomarse parte de una cubierta. «No hay plan B», respondió la FIFA ante la opción, negada por la organización, de que el estadio de la ceremonia inaugural no esté listo a tiempo. En recintos como el de Curitiba hubo requerimientos judiciales que pararon las obras por las pobres condiciones de trabajo. Algunos elementos de las infraestructuras se rematarán tras el Mundial.

Semejante gasto, el posible desvío de fondos, la exención de determinados impuestos a la FIFA -y la adaptación legislativa a sus exigencias- y la demanda de mejores servicios públicos propiciaron revueltas durante la Copa Confederaciones el pasado mes de junio. El descontento social le echaba un pulso al fútbol, algo impensable en Brasil, un país teóricamente narcotizado cuando gira el balón. Las protestas de los indignados, que prefieren mejoras en salud y educación, estallaron durante el campeonato.

Para evitar que posibles revueltas usen el altavoz del Mundial 2014 y se produzcan boicots en las sedes, la partida de la inversión en seguridad alcanza los 800 millones de dólares e incluirá cuerpos públicos y privados. En todo caso, el gasto de la organización no ha sido suficiente para paliar las carencias en infraestructuras de transporte. Un triste récord se batió hace un mes en São Paulo, con una retención de 306 kilómetros. Los problemas en las comunicaciones son otro de los retos a los que se enfrenta el país del Mundial y los Juegos.

El gobierno federal confía en que solo el efecto del Mundial y los Juegos genere un alza del PIB del 0,5 % anual hasta el 2018. Los resultados dependerán de lo que suceda en los próximos meses, aunque la organización ya parte con el marcador en contra. Durante el Mundial 600.000 visitantes extranjeros y 20.000 periodistas transmitirán al resto del planeta la auténtica capacidad organizativa de Brasil.

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