Sin servicio y resto, misión imposible


Raro empezó el partido, con predominio de fallos y los jugadores muy tensos, desajustados, inseguros. Nadal igualó algo el juego tras el 3-0, sobre todo gracias a los errores de Djokovic. El serbio ganó el primer set porque, básicamente, sirvió y restó mejor. El español, para ganar a Nole, necesita eso mismo, y no hizo ni lo uno ni lo otro. Sacó peor que últimamente, como demuestra un detalle, que en dos juegos importantes repitiese dos doble faltas en cada uno de ellos. Al otro lado de la pista, el jugador de Belgrado explotaba el saque y conseguía uno o dos puntos por juego casi gratis.

Otra clave. Nadal necesitaba jugar metido en la pista y no tirar tanto hacia arriba. Y se movió lejos de la línea de fondo e insistiendo en restar sin agresividad, dejando bolas cortas, con lo que Nole tenía todo el tiempo para armar el juego.

Nadal quiso cambiar en el segundo set, pero jugó apresurado y cometió muchos más errores de lo habitual. No tenía el timing del golpe, no estaba ni cómodo ni seguro para pegar y eso le dio margen a Djokovic para pegar commo quería.

Rafa atacaba sin llegar a soltarse de todo, con golpes a medio gas. Esas lagunas hicieron crecer a Nole en el segundo set, y solo al final vimos un par de detalles del verdadero Rafa, ya con el partido casi decidido. Le vimos disminuido como no es habitual, con demasiados fallos, cediendo la iniciativa. Demasiados lastres a la vez.

Nole ganó sin un tenis excepcional. En el arranque se favoreció de los errores de su rival, y en el segundo set ya jugó mejor. El serbio ya no teme a Rafa, así que mentalmente no dudó a la hora de cerrar la victoria. No tuvo ningún tipo de presión en todo el partido por aciertos que Rafa no terminó de encadenar.

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Sin servicio y resto, misión imposible