Carta a Ian


Tiene casi 11 meses, comienza a descubrir el mundo del movimiento y quiere tocar todo. Mientras veo su gateo en busca de experiencias, pienso en como me gustaría que se desarrollase en el deporte, parte fundamental del crecimiento equilibrado de la persona. Mi trayectoria siempre ha estado relacionada con el deporte, aunque nunca lo he considerado un fin en sí mismo. Pero lo he disfrutado y ha contribuido a mi formación personal; en labores didácticas traté de transmitir sus valores a mis alumnos. Hoy, el encuentro con los antiguos adversarios siempre refleja el respeto de sanas rivalidades y gran competitividad, pero en el que el fair play era condición fundamental.

Era una época en que los padres no intervenían, los directivos de clubs y federaciones generalmente prestigiaban a los cargos que ocupaban, y en que los entrenadores gozaban de la admiración de sus alumnos.

La situación ha ido empeorando: los directivos fueron perdiendo nivel, y la mayoría pretenden ahora ocupar cargos para medrar. Los entrenadores respetados fueron sustituidos en muchos casos por otros sin la formación debida, pero que se plegaban a los caprichos de los directivos de turno, a veces padres obsesionados en los entrenamientos de sus hijos. El ambiente de los torneos se deterioró, y las competiciones de niños se volvieron confrontaciones entre padres, entrenadores, en un todo vale para obtener la victoria, sumar puntos y mejorar el ránking. Nadie ha puesto coto a tal barbaridad. Las tensiones soportadas por muchos críos rayan en lo delictivo, y todo parece consentido por parte de los que deben velar por que estas competiciones sean algo lúdico y formativo.

Ahora surge el incidente en que la madre de una niña promete un helado a una pandilla si descentran a la rival de su hija. Espectadores tildan de vergonzoso lo sucedido, pero no se tomaron medidas que impidiesen un hecho tan lamentable. La cadena de responsabilidades -árbitro, juez árbitro y coordinador de la federación- no reaccionó adecuadamente. Va siendo hora de tomar medidas contra padres cuyas actitudes merecen como sanción la prohibición de acceso a los recintos donde se desarrollen las competiciones. Si se lleva a cabo en torneos profesionales, con mayor razón debiera aplicarse en los de menores.

¿En qué ambiente deportivo me gustaría que se criase Ian? En el que yo lo hice hace ya muchos años. El tiempo lo ha mejorado casi todo, pero hay cosas a recuperar. La educación deportiva de los niños, en el tenis en particular, es una de ellas. Es hora de que todos nos esforcemos para revertir la situación. La inocente sonrisa de Ian y de todos los Ian del mundo lo merecen.

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