Brasil se enfrenta a su pasado

La selección española es la heredera de aquella que lideró Socrates en 1982


Cuando en el Mundial de España de 1982 Brasil cayó frente a Italia, la canarinha decidió enterrar una filosofía que había marcado su camino, la del jogo bonito, la que había abarrotado de talento su centro del campo. Nombres legendarios como los de Socrates, Falcao, Cerezo o Zico integraban aquel equipo de ensueño que tropezó sobre la hierba, pero que se ganó un hueco en la historia. Pese a ello, desde la derrota, la selección sudamericana se abonó a la fórmula de que la habilidad debía estar protegida por el músculo. Todo un dogma del fútbol moderno, una mentira descomunal. Paradójicamente, influenciada por el Barcelona del Dream Team, España, su rival en la final de la Copa Confederaciones, ha recogido desde el 2008 el testigo del Brasil que murió en Sarriá. Por eso, el combinado de Scolari se enfrentará mañana a su pasado.

Neymar, mal acompañado

En algunas situaciones de juego, Neymar puede ser tan determinante como Messi. Es un futbolista tremendo a la hora de encarar al contrario y de definir frente a la portería. Sin embargo, la mala noticia para los anfitriones y la buena para el equipo de Del Bosque es que su figura cuenta con poca ayuda para generar juego. Fruto de la lectura incorrecta que realizaron sobre la eliminación ante Italia, vive rodeado por dos medios planos y dos delanteros sin fútbol. Si Neymar jugase en España, habría reventado las estadísticas. Agrupado alrededor de piezas que hacen circular el esférico con esa precisión infinita, conseguiría situaciones propicias para el desequilibrio, su mejor virtud.

Los silbidos de admiración

Un síntoma de que Brasil envidia lo que hacemos nosotros es la forma en la que han pitado a la selección. La envidia es una forma de admiración, en este caso, una manera de venerar lo que ellos fueron y dejaron de ser. Ya nadie recurre a una línea medular tan creativa como la de España. Se consideraba poco eficiente. Para algunos era una apuesta romántica, un brindis a la lírica que, sin embargo, terminó arrasando en el fútbol mundial y que está monopolizando toda una época. Lo mejor es que España no para de fabricar este tipo de jugadores. Sabe que es la clave del éxito y parece que ha perpetuado su jugada ganadora. No me cabe duda de que el talento se encuentra en la base de los triunfos.

Una pauta difícil de seguir

Esta generación no solo está logrando batir todos los registros del fútbol español, sino que su influencia trasciende más allá, está devorando cifras en todo el planeta del balón. De todos modos, la excelencia que ha logrado España no marcará una pauta, porque como cualquier rendimiento excepcional es prácticamente imposible de seguir, es único. Una trituradora para todos los que se han cruzado en su camino.

Vencer siempre es complicado

Dicho esto, la gloria reciente de España ha fijado el listón de la exigencia muy alto. En cierto modo, padecemos el síndrome del nuevo rico, del que nunca ganó nada y que pronto se olvida de que vencer siempre es complicado. En estos momentos, es bueno recordar que veníamos de la «Furia», del «¡Vamos!, ¡Vamos!». Modos de entender este juego que nos llevaron a hacer el ridículo en cada competición en la que participábamos.

El posible regreso de Fabregas

Las dificultades que encontró España para superar a Italia en las semifinales podría precipitar el regreso al once titular de Cesc Fábregas. Entraría por Fernando Torres, que no estuvo demasiado afortunado frente a los de Prandelli. Su falta de acierto a la hora de retener el esférico catalizó más de un contragolpe que puso en aprietos a la defensa española. Con un centrocampista más, Del Bosque recobraría ese toque de distancias cortas que lo ha llevado hasta la cima.

Nada empaña el estilo

Pero de lo que estoy convencido es de que, pase lo que pase, España ya tiene un triunfo seguro. Si gana, continuará esa racha hegemónica que comenzó en la Eurocopa de Austria. Saldrá reforzada, dominadora absoluta y sumará un nuevo título a un palmarés en crecimiento. E incluso en la derrota hallará el conjunto del preparador salmantino beneficios. Porque el triunfo de Brasil ratificará una apuesta errónea. Ese accidente que puede ser una victoria de los locales servirá para que nada cambie en la canarinha ante el Mundial del año que viene.

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