Chico normal, futbolista genial

Thiago Alcántara, la estrella de la Eurocopa sub-21, ya deslumbraba hace una década en Nigrán, donde ahora lo admiran y recuerdan sus orígenes


Vigo / La Voz

El niño que deslumbraba hace una década en el Ureca de Nigrán es hoy el héroe de la Eurocopa sub-21 que acaba de conseguir España. Thiago Alcántara es, también, un futbolista prometedor y relativamente asequible. Sus 18 millones de cláusula lo hacen más atractivo, si cabe, para clubes como Manchester o Bayern, candidatos a arrebatárselo a un Barça donde no ha tenido el protagonismo esperado y donde no parece que se vaya a escribir su futuro.

Pero en la Escuela de Fútbol Val Miñor que le vio crecer, hay algo que no ha cambiado en esos diez años: era un ídolo entonces -como infantil, entre los 11 y los 13, en la época en que su padre Mazinho defendía la elástica celeste- y lo sigue siendo ahora que lo siguen desde la distancia. «Era un chaval disciplinado para los entrenamientos y los partidos. Se lo tomaba todo muy en serio y maravillaba a todos los que tenían oportunidad de verle dar patadas a un balón», asegura el que fue su entrenador, Javier Lago.

El niño de las jugadas imposibles

Recuerda la calidad que poseía, que le permitía «hacer jugadas imposibles». Las mostraba en el Ureca, pero también en A Madroa, donde era un habitual de los entrenamientos del primer equipo del Celta.

Aunque nunca llegó a jugar en el conjunto vigués, su vínculo con la ciudad fue grande, y ha perdurado en el tiempo, llegando incluso a recibir un premio local hace dos años. «Viene asiduamente y cuando te lo encuentras te muestra mucho cariño. Siempre ha tenido buenas palabras para la escuela y para nosotros es un orgullo figurar en su carrera», explica Lago.

La dimensión que ha adquirido esa carrera, dicen los testigos de sus inicios, estaba cantada. Sabían que llegaría lejos. «A cualquiera que lo viera jugar entonces no puede sorprenderle su trayectoria y que esté en el mejor equipo del mundo. Siendo infantil, ya tenía locos a los ojeadores de los clubes más importantes de España. Estaban todos detrás de él y, al final, fue el Barcelona el que logró llevárselo», recuerda el técnico.

Pese a la admiración que despertaba ya entonces, Thiago era, en lo personal, uno más. «Mostraba el típico carácter brasileño, era muy alegre y juguetón, pero constante y obediente al mismo tiempo», recalca. Si algo lo diferenciaba era que tenía madera de líder. «Sabía echarse el equipo a la espalda y eso fue una parte importante de los éxitos que consiguió el Ureca en aquella época», señala.

Inseparable de Rodrigo durante su etapa en Vigo, son muchos más los compañeros que guardan un recuerdo imborrable del hijo de Mazinho. «Era un chaval normal, pero un futbolista extraordinario. De niño no eres del todo consciente de hasta qué punto, pero ahora lo ves jugar y dices: ?Si es que hace lo mismo que hacía entonces?. Sigo su trayectoria con mucho cariño», dice Pablo Badía, uno de los integrantes del conjunto con el que el Ureca de Thiago ganó la Liga infantil. «Es un orgullo haber formado parte de aquel equipo junto a él. Era un chaval cercano como sigue siendo hoy», destaca Badía, que estuvo con él por última vez hace dos años.

Una de las claves para que aquel niño haya mantenido los pies en el suelo ha sido, coinciden Badía y Lago, Mazinho. «Tenía todas las papeletas para triunfar, pero hay quien no sabe gestionar bien eso y, reuniendo las cualidades necesarias a priori, no consigue llegar. Él siempre ha tenido los pies en la tierra y su padre ha sabido asesorarle de la mejor manera en todo momento», valora.

Futuro incierto

Pese al final redondo de la Eurocopa, no ha sido una buena temporada para Thiago. El internacional sub-21 no ha acabado de encontrar su sitio en el primer equipo del Barcelona, con el que tampoco ha disfrutado de todos los minutos deseados como titular. «A veces los jugadores se impacientan y él ha sabido darle los consejos oportunos y enseñarle saber esperar, algo necesario para conseguir los éxitos», reflexiona Lago.

Ahora se abren varios frentes de futuro y puede que haya llegado el momento de no seguir esperando. El cambio de aires a corto plazo es una opción muy probable para el primogénito de Mazinho. «Pienso que, llegados a este punto, necesita tener minutos y continuidad para poder seguir evolucionado de forma favorable. Es un futbolista excelente y no puede permitirse el lujo de estancarse», comenta.

Thiago debe recuperar, según Javier Lago, esa faceta de líder que ya se ha vuelto a vislumbrar en esta Eurocopa y en los que sido determinante. Apunta que es un futbolista que necesita la motivación de «sentirse importante, notar que recae sobre él una responsabilidad que es perfectamente capaz de asumir».

Donde nunca va a dejar de ser importante es en la Escuela de Fútbol Val Miñor. Los alumnos de este centro deportivo siguen su trayectoria al milímetro y tienen en él al ídolo al que quieren parecerse. Con o sin Eurocopa. Y mucho antes de que esta figurara en su palmarés.

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