Los jeques toman los palcos de los campos de fútbol

Uno de los propietarios del manchester city, Sulaiman Al Fahim, está ahora interesado en la compra del valencia (y su patrimonio inmobiliario). los tentáculos de los jeques se extienden por el fútbol europeo


La Voz

El fútbol siempre fue deporte de las clases populares del que las elites han sabido sacar provecho. Pero nunca de forma tan palpable como en la actualidad. El masivo desembarco en los históricos clubes europeos por parte de oligarcas del Este y pudientes hombres de negocios procedentes de los cuatro puntos cardinales alcanza ahora su clímax con la presencia de jeques de Oriente Medio. Dejando a un lado fenómenos como los germinados en América, donde el hombre más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, está vinculado al Pumas, Tecos, Pachuca, León y el Oviedo español, la vieja Europa se escandaliza ahora al ver cómo la tradición se arrodilla ante los petrodólares.

Pero ¿por qué los jeques tienen tanto interés en el fútbol europeo? La pauta viene marcada por los oligarcas rusos, magnates de la gestión de recursos como el gas o la minería, que decidieron invertir en clubes ingleses para echar sus redes en el hermético negocio inmobiliario británico. Es el caso de Roman Abramóvich (Chelsea) o Alisher Usmanov (Arsenal). Puede que las motivaciones de Malcolm Glazer (Manchester United y Tampa Bay Bucanneers de fútbol americano) o de Mansour Bin Zayed al Nahyan (Manchester City) sean diferentes. Pero el propietario del Málaga, Bin Nasser al Thani, dejó claro que su prioridad en España era hacerse con la adjudicación de grandes obras civiles, como la ampliación del puerto de Marbella (con un presupuesto de 400 millones). Y, según se publicó esta semana, el copropietario del City y conocido inversor Sulaiman al Fahim está interesado en la compra del Valencia, un club con con un importante patrimonio inmobiliario. En Alemania, Gazprom, el mayor extractor de gas natural del mundo, controla mediante patrocinio al Schalke 04 (también influye en el Zenit de San Petersburgo y el Chelsea, con la anuencia de Abramóvich). La Bundesliga, cuyos equipos crecían tradicionalmente al abrigo de grandes empresas automovilísticas como Volkswagen o químicas como Bayer, también tiene su Jesús Gil. Se trata de Diezmag Hopp, dueño de la firma de software SAP AG y el club TSG 1899 Hoffenheim. Pero los jeques suponen una vuelta de tuerca a todo lo conocido hasta el momento. Por su desproporcionada inversión, que quiebra el mercado del fútbol a nivel mundial, y por la arbitrariedad de las decisiones deportivas que toman, incluida la facilidad de huir del barco cuando las cosas se tuercen.

Francia e Italia, nuevos destinos

Los ejemplos más rotundos son también los últimos. Con España como reducto numantino, los petrodólares acuden a otras Ligas. Próximos destinos: Francia e Italia. A sus 40 años, el príncipe heredero catarí y extenista Nasser al Khelaifi preside las federaciones de tenis de Catar y Asia y la cadena televisiva Al Jazira Sports. Es el dueño de Harrods, de parte de Walt Disney, de Volkswagen y de los derechos de retransmisión del fútbol, rugbi y baloncesto franceses. También es el dueño del Paris Saint Germain desde el 2011, con el que acaba de lograr la Liga tras invertir 300 millones de euros. «Ganar mucho dinero con un club de fútbol no es muy complicado», dice. Su homólogo en el Mónaco es el ruso Dimitry Rybolovlev. Un hombre capaz de comprarle a su hija el piso más caro de Nueva York (90 millones) y la isla griega de Scorpios (115 millones).

Y de amenazar con gastarse en el mercado de fichajes 150 millones de euros. Italia se fractura en el debate. La Roma rechazó al jeque Al Qaddumi, pero aún mantiene figuras como las de Berlusconi (Milan), Moratti (Inter) y Agnelli (Juventus). Hay quien dice que la rendición del Calcio es cuestión de tiempo.

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