Rafa Nadal y su paradoja: Ganar con dudas

Las molestias en la rodilla arrojan sombras a una temporada impecable

dpa

Rafael Nadal es hoy por hoy el tenista más incomprensible del mundo: no para de ganar, pero no deja de dudar. Acumula siete finales en siete torneos, con cinco títulos que lo sitúan muy por encima de sus rivales. Pero en su mente pesan aún más los siete meses de ausencia y el «miedo» por el estado de su rodilla. Gana como nadie en el circuito, pero no le es suficiente.

«Estoy disfrutando todo lo que pasa tras siete meses fuera de este mundo del tenis. Cada victoria significa para mí más que nunca, las perspectivas serían excelentes si no sintiera nada en mi rodilla, pero no sé cómo van a ir las cosas. La lesión no es de hace dos años, es de hace unos meses», insiste Rafa Nadal, al que se le eriza la piel de sólo imaginar una recaída de sus problemas de rodilla. Pero tras sumar títulos en São Paulo, Acapulco, Indian Wells, Barcelona y Madrid la perspectiva es otra. Nadal es el gran favorito, aunque se niegue a admitirlo, a la conquista de un octavo Roland Garros. Nadal es serio candidato, aunque él mismo insinúe que es una locura y diga que queda «muy lejos», a cerrar el 2013 como número uno del mundo.

No es una locura, porque sin haber jugado el Abierto de Australia ni Miami Nadal está ya a sólo 130 puntos de Novak Djokovic, campeón del primer Grand Slam del año, en el acumulado de los puntos de 2013: 4.130 el serbio y 4.000 el español. Roger Federer, por ejemplo, está fuera de los diez mejores.

La carga sobre los hombros de Nadal es enorme entre marzo y julio, los meses clave de la temporada en los que compite desde Indian Wells hasta Wimbledon. Si sigue con la progresión ganadora que viene mostrando, a partir de su paso por el All England su año podría ser un festín: en el 2012 cayó en segunda ronda, y a partir de entonces no jugó un sólo partido. Mientras sus rivales defenderán lo ganado un año antes, Nadal sólo puede sumar.

Para un joven obsesivo con competir y ganar, ese dato sólo puede ser algo positivo. Incluso para su entorno más cercano, al que Rafa Nadal enloqueció en los campos de golf en aquellos meses que estuvo fuera del circuito. «¿No vais a jugar en serio? Aquí se viene a competir», decía en esos eternos días en los que el póker y el golf saciaban sus ansias de medirse con los demás. Afortunadamente para sus sufridos compañeros de golf, Nadal se concentra ahora en el tenis. Federer, Djokovic e incluso Andy Murray exhiben dudas, no están mejor que el español, que es «el» jugador del momento. Él mismo admitió que su drive volvió a funcionar y que con ese golpe compensa algunos pequeños problemas que arrastra aún en la movilidad.

Metido de lleno nuevamente en la piel de tenista, a Nadal no se le escapa el más mínimo detalle. Ya como adolescente, en sus primeros pasos en el circuito, Nadal era una máquina de recordar estadísticas. Tiene en su «procesador» todos los partidos que jugó, detalles impensables de sus finales, e incluso de partidos de sus rivales más directos.

Por eso, cuando en la noche del domingo se el preguntó por la posibilidad de acercarse al argentino Guillermo Vilas, que con 46 títulos sobre arcilla es dueño del récord, Nadal reaccionó de inmediato, confundido por la información errónea que había venido difundiendo la ATP en los últimos días: «¿Cuarenta y seis? ¿No son 45?». No, son 46, seis más que Nadal, que enseguida intentó convencer de que no le da importancia a las estadísticas. «Tú eres argentino», le dijo al periodista entre risas, mientras en su mente se activaba una fecha en el calendario, la del 8 de junio del 2014. Si su tenis sobre arcilla sigue al nivel que muestra, ese día el español podría alzar un noveno título en París, un trofeo número 47 en la arcilla y alejarse algo más de ese fantasma de las lesiones que sigue rondando en su cabeza.

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