Lendoiro nunca tiene la culpa... según él


José Luis Oltra descansará en la historia del Deportivo como el conductor de un equipo que ascendió a Primera con unos números de récord. Hace apenas unos meses, el valenciano vehemente era un ídolo en la ciudad. Uno de los héroes que hizo olvidar con rapidez el descenso al infierno de Segunda.

Sin embargo, la vida pendular del fútbol le ha convertido en la cabeza de turco de un proyecto repleto de carencias en el que ha pagado con su puesto el disponer de una plantilla desequilibrada, ser muy cabezón en sus planteamientos y, por qué no decirlo, su entrega incondicional al presidente.

En cualquier caso, Oltra paga el pato de un problema que es mucho más profundo que el entrenador. Desde su llegada al Deportivo, se mostró como un técnico de contradicciones. Con la prensa fue un auténtico miura, sorprendiendo con sus continuos enfados ante las preguntas más ingenuas e inofensivas. Sin embargo, el toro del Turia siempre fue un gatito doméstico para el presidente. Fruto de unos tiempos en los que tanto los futbolistas como los entrenadores que van llegando al Deportivo bajan su perfil, Oltra se ha caracterizado por una docilidad a prueba de bombas para con su jefe. Hasta tal punto que se convirtió en el primer entrenador del club que consintió que le administraran su derecho a la libertad de expresión.

Oltra quiso hacerse fuerte desde su entrega a Lendoiro. A pesar de que ha sido obvio que el presidente le puso a su disposición una plantilla descompensada y deficiente, el técnico prefirió hacerla suya, cargando con toda la presión y liberando al verdadero autor de un equipo en el que al final han sido habitualmente titulares hasta ocho jugadores que el año pasado se paseaban en Segunda.

Oltra ha sido, como en su día lo fue Lotina, el chaleco antibalas perfecto, un parapeto entre Lendoiro y la afición.

Finalmente, a solo unos días de entrar en concursal y diez días después de la derrota de Barcelona, Lendoiro le paga con el despido, justo cuando parece que se trabaja en el fichaje de refuerzos de invierno. El presidente le agradeció los servicios prestados y, como en él es habitual, no hubo ni un momento para la autocrítica. Lendoiro nunca falla, nunca se equivoca, nunca tiene la culpa.

En el colmo del disparate, Lendoiro se permitió tomar el pelo, no ya a los presentes, sino a toda la afición, cuando vino a decir que la destitución de Oltra estaba decidida antes de la junta de accionistas, pero que decidió no hacerla efectiva hasta ahora, diez días después. Un chiste.

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