El milagro del San Sadurniño

El club de voleibol, de una localidad de 3.000 habitantes, milita en la Superliga 2 y es el menor municipio de las dos principales categorías españolas


ferrol / la voz

En las dos primeras categorías del voleibol español no hay club más humilde que el Intasa de San Sadurniño. El equipo del interior de Ferrolterra, de apenas tres mil habitantes, representa al municipio menos poblado de la Superliga 2. Su ascenso deportivo de la temporada pasada a la Liga FEV, y la reestructuración de las principales categorías le abrieron las puertas en verano de una competición seudoprofesional. Después de hacer muchos números, la junta directiva se atrevió a abordar el salto, que le enfrenta a viajes por toda España y a duplicar un presupuesto que ya le costaba cubrir. Nunca antes un equipo masculino de la provincia coruñesa había militado en una liga tan competitiva.

«La clave de este tema es que la directiva consigue involucrar a absolutamente todo el pueblo», explica el entrenador, Eloy Mahía. Intasa, una potente industria de tableros de madera radicada en el municipio, le respalda como patrocinador principal, y el Concello de San Sadurniño supone el segundo sustento económico. La primera plantilla absorbe un gasto de 55.000 euros, casi el doble que la campaña pasada. Aunque la principal apuesta de esta temporada, la incorporación del argentino David Guiñazu, se frustra por ahora por las exigencias de las federaciones para tramitar su pase internacional.

Al margen de sus dos principales apoyos económicos, el club teje una fina red de apoyos. «Van puerta a puerta buscando pequeñas aportaciones. Para que la suma de muchas cantidades modestas permita conseguir una grande. Por el número de habitantes del municipio, si no participa toda la ciudadanía, no se cerraría el presupuesto», añade el entrenador.

«Un equipo malo que juega bien»

Como cabía esperar, el aterrizaje en una liga tan competitiva resulta difícil. Perdió los tres primeros partidos, en los que pagó la ausencia de Guiñazu, que debe ser su referencia. El sábado recibe ya al Leganés, un rival de su liga, la permanencia. «El objetivo es no descender. Para eso tenemos que conseguir que los jugadores de casa crezcan física y tácticamente para que alcancen un nivel que aún no tienen. Así justificaríamos el dinero que esto le cuesta a la gente», razona Mahía, que siempre termina sus charlas con la misma frase: «Somos un equipo malo, pero podemos terminar la liga siendo un equipo malo que juega bien».

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