La rosca mágica de Roberto Trashorras levanta Vallecas

El gallego explica los detalles del golazo que le marcó al Granada de falta directa


redacción / La Voz

«Parecía que el partido iba a morir y entonces el árbitro señaló esa falta». Un libre directo cerca de la frontal del área del Granada, ligeramente escorado hacia la izquierda, la posición perfecta para un diestro con la calidad de Roberto Trashorras (Rábade, Lugo, 1981), quien agarró la pelota y la acarició contra el césped. «Me sentía con confianza, el juego a balón parado siempre ha sido una de mis fortalezas». El dorsal 17 del Rayo Vallecano retrocedió unos pasos y alzó la mirada para ver dónde se encontraba el portero. «Me gusta saber si se coloca centrado o cubre mucho su palo para ver el margen de error del que dispongo a la hora de ejecutar el lanzamiento». El centrocampista respiró profundo. Era el minuto 93 de un encuentro que languidecía con el empate a cero en el marcador. Lo que sucedió instantes después solo está al alcance de una rosca que se forjó a medio camino entre La Masía y la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

«Nunca fui un lanzador explosivo, de los que le gusta pegar fuerte al balón», comenta Trashorras, quien agrega: «Por eso necesito que la falta esté próxima al área. Así no tengo que levantar la pelota demasiado». Como había hecho cuatro meses atrás ante la Real Sociedad, la última vez en que había anotado un gol de libre directo, el habilidoso jugador gallego se abalanzó sobre el esférico en una carrera corta, realizó el apoyo de forma perfecta y lo golpeó con el interior del pie. «Tan pronto solté el latigazo, fui consciente de que iba muy bien... Llevaba la dirección correcta».

El factor suerte, fundamental

«Pero -indica el jugador, quien cumple su segunda campaña en el Rayo- es cierto que en este tipo de disparos hace falta una pizca de suerte, porque una desviación de unos pocos centímetros hacen que el balón acabe estrellado en el poste o se pierda por la línea de fondo». No fue el caso. El tiro sorteó la barrera describiendo una parábola prodigiosa y se coló por la escuadra derecha de la meta defendida por Toño. La estirada del guardameta se reveló estéril frente al prodigio del lucense. De pronto, Vallecas estalló. Los más de siete mil aficionados que permanecían en las gradas se pusieron en pie para celebrar que la magia de Trashorras había regalado los tres primeros puntos a los de Paco Jémez en una Liga donde cada paso hacia adelante huele a gloria.

«No jugamos un gran encuentro, hacía mucho calor y cometimos demasiadas imprecisiones», apunta Trashorras. «Aunque -añade- todos estos fallos son normales en el arranque de cada temporada y lo importante es que ya hemos conseguido la primera victoria». Un triunfo edificado en el elegante golpeo de balón del talentoso futbolista en el que se convirtió aquel joven canterano del Barcelona que se fijaba en Guardiola o Rivaldo. El mismo que en el 2003 cogió el puente aéreo hacia el Castilla y allí clavó la mirada en el guante de David Beckham.

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